De bodegones a bares notables y de clásicos de barrio a restoranes de lujo: los que ya no volverán por el coronavirus

Fuera un restaurante barrial o un emblema para toda una ciudad. Tuviera menú de autor o carta foliada de bodegón. Hubiera abierto hace décadas o hace apenas un rato. La crisis por la pandemia de coronavirus no perdonó a nadie y dejó, entre tantas pérdidas materiales, las gastronómicas. Con ellas también se fueron las chances de reeditar, como comensales, esos momentos de felicidad que van más allá del placer del paladar.

Cerca de 1.500 comercios del sector gastronómico porteño cerraron durante la cuarentena, según la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC). Muchos lugares venían sufriendo la crisis económica de los últimos años y la pandemia fue su tiro de gracia.

“Necesito cerrar la puerta y relajar la cabeza porque fueron cuatro años durísimos, me comí la crisis y después la pandemia”, admite Hernán Calliari, que el 19 de septiembre anunció el fin de su bar Faraday, ubicado en un primer piso de Bulnes casi Santa Fe. Una casona antigua donde la coctelería era estrella, pero cuya carta de comidas no se quedaba atrás.

“1000% de devaluación y seis meses cerrados fueron mucho para mí. Pudimos poner delivery recién en el segundo mes, pero nos significaba apenas el 5% de la facturación. Después empecé a vender comida congelada por redes. Todo eso sólo sirvió para frenar la hemorragia”, admite Calliari.

Ravello, otro de los restaurantes que se convirtió en un clásico y cerró en cuarentena. Foto: Luciano Thieberger

Ravello, otro de los restaurantes que se convirtió en un clásico y cerró en cuarentena. Foto: Luciano Thieberger

Sottovoce Madero también venía complicado desde antes de la pandemia. Cayeron las ventas durante la obra del Paseo del Bajo y se hacía cada vez más difícil pagar el alquiler. Sobre llovido, mojado: con el cierre de las fronteras desapareció su clientela objetivo, los turistas. El cierre llegó en mayo y, según fuentes cercanas a la empresa, sus empleados ahora trabajan en los otros restaurantes del grupo, Sottovoce Libertador, El Burladero y Fervor.

Días después llegaría otro cierre en Puerto Madero: el del local Casa Tua de la cadena de restaurantes La Parolaccia, también especializada en cocina italiana. Según había informado en su momento La Nación, 25 trabajadores fueron despedidos.

En junio fue el turno de dos históricos, ubicados a apenas una cuadra uno del otro: El Trapiche, en Humboldt y Paraguay, y El Rey del Vino, en la esquina con Juan B. Justo, ambos en Palermo Hollywood. De esa zona es también Ravello, que nació poco antes de la crisis de 2001 pero no pudo superar la de la pandemia.

El Rey del vino, en Palermo, otro de los restaurantes que debieron bajar la persiana en cuarentena. Foto: Luciano Thieberger

El Rey del vino, en Palermo, otro de los restaurantes que debieron bajar la persiana en cuarentena. Foto: Luciano Thieberger

El delivery llegó a cubrir apenas entre el 15% y el 20% de la facturación previa de este restaurante de nombre amalfitano, un porcentaje imposible para hacer frente al elevado alquiler. El cierre fue el 25 de abril, después de dos décadas de ravioles de carne, ñoquis de sémola y provoletas, en la esquina anaranjada de Honduras y Ravignani.

Sobre el frente, en una pizarra, todavía se lee: “20 años. Gracias totales”. Pero el local ya fue alquilado y alojará un nuevo restaurante, según pudo saber este diario. En el aviso inmobiliario, se ofrecía a $ 140.000 mensuales.

El vecino Villa Crespo sufre una de las pérdidas gastronómicas más recientes: el del café de la cocinera y pastelera Pamela Villar, frente a la cancha de Atlanta. Dirá adiós el miércoles. O, más bien, hasta luego. “Cerramos un ciclo para abrir otros nuevos. Los queremos y hasta siempre! Gracias!”, reza uno de sus últimos mensajes en redes.

Todos contentos. Uno de los restaurantes del Barrio Chino que bajaron la persiana en cuarentena. Foto: Luciano Thieberger

Todos contentos. Uno de los restaurantes del Barrio Chino que bajaron la persiana en cuarentena. Foto: Luciano Thieberger

Los cafés notables también sufrieron bajas. A principios de mayo le tocó al del hotel Castelar en la Avenida de Mayo. Semanas después bajó la persiana La Flor de Barracas, con más de un siglo en la esquina de Suárez y Arcamendia.

La Flor había sido puesto en venta en 2009, pero Victoria Oyhanarte lo compró y lo revivió. Así, en vez de la temida demolición y la eventual construcción de una torre, el restaurante tuvo su segundo aire. El tercero llegó seis años después, de las manos del escritor Carlos Cantini, su esposa, su hermano y su primo.

“El coronavirus, con la extensa cuarentena que trae como consecuencia, termina de asfixiar nuestra actividad que ya venía herida y era sostenida a costa de un gran esfuerzo familiar”, dice el extenso texto de despedida publicado en su cuenta de Facebook.

Cada nombre que se suma a la lista de cierres impacta en los porteños de manera distinta, según el vínculo personal con el lugar, la predilección por cierta cocina, la cercanía. Pero siempre golpea.

Una de las bajas que más conmovieron, al principio de la cuarentena, fue la de Hong Kong Style, el favorito de la cocinera Narda Lepes. Para la misma época cerró, con menos ruido, otro clásico del Barrio Chino: Todos Contentos.

El Bar Faraday es otro de los que tuvo que bajar la persiana en cuarentena. Foto: Luciano Thieberger

El Bar Faraday es otro de los que tuvo que bajar la persiana en cuarentena. Foto: Luciano Thieberger

La sangría siguió con La Ibérica en Constitución, La Rambla en Recoleta, el Pippo de Montevideo al 300, en la zona del Microcentro. Tan extensa es la nómina de cierres por la pandemia que incluso los que bajaron persiana por otros motivos pasan a formar parte de esa lista hasta que se haga la aclaración.

Eso ocurrió, por ejemplo, con Proper, el premiado restaurante que cerró en Buenos Aires pero no por la cuarentena. Simplemente el dueño del local de la calle Aráoz no les renovó el contrato de alquiler al cocinero Leo Lanussol y el pastelero Augusto Mayer.

La que se mantiene abierta es la sucursal en Barcelona, comandada por el propio Mayer. Lanussol aclara desde Buenos Aires: “Proper Barcelona abrió en julio. La idea era tener los dos restaurantes, pero por desgracia no se pudo. Por el momento guardamos todo y, cuando todo pase, volveremos a tener otro acá”. Uno de los planes que, entre tantas bajas, trae una necesaria luz de esperanza.

SC

Fuente: Clarin

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