El maquinista de la tragedia de Once y los frenos, una fake news que vuelve: ¿qué intereses hay detrás?

En 2020 el verbo es confesó: «El maquinista confesó que anuló el sistema de frenos».

En 2018 el verbo era admitió: «El maquinista admitió que anuló el sistema de frenos».

En 2017, la oración era más breve: «El maquinista no frenó» o «El maquinista no accionó el freno», como dijo ese mismo año Cristina Fernández de Kirchner en una entrevista con el periodista Chiche Gelblung. En esa entrevista también simplificó: «Si vos no frenás y te estrellás, eh, bueno…».

El sujeto del enunciado de Cristina Fernández era Marcos Córdoba, quien conducía el tren chapa 16 de la línea Sarmiento durante la mañana del 22 de febrero de 2012. El tema al que aludía era la tragedia de Once, uno de los incidentes ferroviarios más graves de la historia argentina. Para la actual vicepresidenta, Córdoba era el único responsable del choque en el que murieron 51 personas, incluida una embarazada. El Estado, no.

Marcos Córdoba, durante el juicio oral en la sala AMIA de los tribunales de Comodoro Py. Foto: Alfredo Martínez

Marcos Córdoba, durante el juicio oral en la sala AMIA de los tribunales de Comodoro Py. Foto: Alfredo Martínez

La estrategia de un solo autor encarnado en Marcos Córdoba es vieja y reaparece de tanto en tanto, aun cuando la tragedia de Once fue investigada y juzgada en dos causas separadas.

En el primer juicio, los culpables terminaron presos con condena firme. La Corte Suprema de Justicia rechazó este jueves las apelaciones de 20 sentenciados y, al hacerlo, ya no hay más instancias de revisión. Ningún órgano judicial superior puede modificar el castigo impuesto a los responsables. Entre ellos está el maquinista Marcos Córdoba. Pero no es el único.

Entre los culpables además está el presidente de la empresa privada -TBA- que tenía la concesión del servicio, Sergio Claudio Cirigliano, y el exsecretario de Transporte de la Nación, Juan Pablo Schiavi. Su predecesor en el cargo, Ricardo Jaime, también.

Por la tragedia de Once, Jaime primero recibió una condena de siete años de cárcel, pero en una segunda instancia la Cámara de Casación unificó su pena por otros delitos que había cometido -entre ellos admitió haber recibido coimas- y le asignó ocho años de prisión. Este jueves la Corte envió su expediente otra vez a la Cámara de Casación, en busca de un doble conforme: dos sentencias iguales.

Tanto el maquinista, como el presidente de TBA y los dos ex secretarios de Transporte siguen presos. Del total de responsables, siete están en la cárcel, nueve tienen arresto domiciliario y cuatro, libertad condicional.

Familiares de víctimas de la tragedia de Once, en la entrada de los tribunales de Comodoro Py, aguardando la sentencia en la causa Once II. Foto: Andres D'Elia

Familiares de víctimas de la tragedia de Once, en la entrada de los tribunales de Comodoro Py, aguardando la sentencia en la causa Once II. Foto: Andres D’Elia

El exministro de Planificación Julio De Vido es otro de los condenados, pero su situación todavía no fue tratada por la Corte Suprema. En la primera causa -Once I-, se ordenó abrir otro proceso para investigar su rol en el choque de la formación del Sarmiento contra el andén de la estación Once. Cuando todo ocurre, él tenía el área de Transporte dentro de su órbita de poder y control.

En el segundo juicio, llamado Once II, De Vido recibió una pena de cinco años y ocho meses de cárcel por administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública. Eso significa estafa y es un delito de corrupción.

De Vido fue condenado a cinco años y ocho meses de prisión en octubre de 2018. No estuvo en la sala, sus últimas palabras antes de la lectura de la pena fueron por videoconferencia Foto: Luciano Thieberger

De Vido fue condenado a cinco años y ocho meses de prisión en octubre de 2018. No estuvo en la sala, sus últimas palabras antes de la lectura de la pena fueron por videoconferencia Foto: Luciano Thieberger

Por el fraude al Estado también se condenó a Jaime, Schiavi y al presidente de la concesionaria TBA, Cirigliano. Pero a ellos tres se les sumó además otra responsabilidad: haber sido factores desencadenantes de la tragedia que provocó heridas -algunas gravísimas- en 789 personas y la muerte de 51, incluida una mujer con un embarazo de seis meses. La Justicia consideró que ese delito también le cabe al maquinista Córdoba.

En el juicio oral se probó que la empresa TBA omitió en forma intencional el mantenimiento de los trenes e incumplió el contrato de concesión, causando un perjuicio al patrimonio del Estado. La compañía pudo hacerlo con la colaboración y complicidad de funcionarios, como Jaime primero y Schiavi después, quienes estaban obligados a controlar el sistema de transporte ferroviario.

Para la Justicia, la tragedia de Once era previsible a los ojos de los empresarios y funcionarios: sabían de la condición precaria en la que estaban los vagones y conocían las alertas que habían hecho la Comisión Nacional de Regulación del Transporte y la Auditoría General de la Nación.

Desde hace ocho años, los sobrevivientes y víctimas se reúnen en el andén dos de la estación. A las 8:33 de la mañana suena una sirena, fue el horario del impacto. Foto: Rolando Andrade Stracuzzi

Desde hace ocho años, los sobrevivientes y víctimas se reúnen en el andén dos de la estación. A las 8:33 de la mañana suena una sirena, fue el horario del impacto. Foto: Rolando Andrade Stracuzzi

En el caso del maquinista Córdoba, los jueces consideraron que el choque ocurrió porque frenó tarde, condujo a mayor velocidad que la permitida y desconectó el sistema preventivo de «hombre muerto». El sistema dependía de un gran botón con forma de hongo, que estaba instalado en la cabina, sobre la manija de velocidades. Cuando el tren estaba en marcha, el conductor debía pulsarlo constantemente. Si el maquinista se desmayaba, tenía una ataque al corazón o sufría cualquier otro problema que le impedía seguir en la conducción, el tren se paraba en seco.

«Sonaba bien en los manuales, pero los maquinistas acostumbraban anular el sistema de hombre muerto mediante el simple procedimiento de mover una tercera palanca», escribió la periodista Graciela Mochkofsky en su libro Once, viajar y morir como animales. «Así podían liberar la mano del pulsador con el tren en marcha y usarla para fumar un cigarrillo, para rascarse, para dejarla descansar». Era una práctica negligente y popularizada.

La tragedia ferroviaria de Once provocó 51 muertes y dejó más de 700 heridos. Foto de archivo

La tragedia ferroviaria de Once provocó 51 muertes y dejó más de 700 heridos. Foto de archivo

Cuando cada año los enunciados sobre Marcos Córdoba aparecen, a veces como una confesión, otras como una cuestión admitida, otras en forma de mentira -no frenó-, se refieren en forma única a ese sistema desactivado. Las oraciones siempre salen de las mismas bocas: Gregorio Dalbón y Maximiliano Rusconi; Cristina Fernández de Kirchner, en una ocasión, en la entrevista con Chiche Gelblung.

Gregorio Dalbón es un abogado que a principios de 2000 era conocido en los programas de televisión por representar a víctimas de tránsito. En el juicio de Once, se sumó como representante de la querella 1. Los sobrevivientes y familiares de víctimas de la tragedia se agruparon en tres querellas.

En el impacto, el segundo vagón hizo acordeón con el primero. Eso ocurrió porque la formación no era segura. Foto: Gerardo Dell'Oro

En el impacto, el segundo vagón hizo acordeón con el primero. Eso ocurrió porque la formación no era segura. Foto: Gerardo Dell’Oro

Al empezar la causa Dalbón fue crítico hacia los funcionarios del área de transporte y a los dueños de TBA. Después, cambió de posición. En el medio, en una reunión del juez Claudio Bonadio con las víctimas para pedirles que unificaran su representación legal para simplificar los trámites, Dalbón armó un escándalo. Primero increpó al juez y después le contestó mal a empleados del juzgado que le indicaban por cuál puerta salir, según reconstruyó Mochkofsky en su libro. De acuerdo al relato, Bonadío le pidió que bajara el tono. Dalbón se negó. Y Bonadio ordenó que lo metieran preso.

Mochkofsky escribió: «Cuando un bombero de la Policía Federal, asignado a los tribunales, lo llevaba detenido, Dalbón escapó corriendo, convertido en fugitivo por los mismos pasillos de los tribunales que frecuentaba como abogado».

Ricardo Jaime en el centro; detrás de él, los familiares de víctimas de la tragedia. Diciembre de 2015. Foto: Pedro Lazaro Fernández

Ricardo Jaime en el centro; detrás de él, los familiares de víctimas de la tragedia. Diciembre de 2015. Foto: Pedro Lazaro Fernández

El perfil de Maximiliano Rusconi es alto pero no tanto: es el abogado de Julio De Vido y de Juan Pablo Schiavi. Once días atrás escribió una columna de opinión para el sitio Infobae titulada «La verdad y la tragedia de Once». En ningún lugar de la publicación se especifica a quiénes representa. De Vido, Schiavi ni ningún otro exfuncionario público son mencionados. El único nombre propio al que Rusconi alude es Marcos Córdoba, el maquinista.

La fecha de publicación de la columna de opinión de Rusconi coincide con que ese mismo día Marcos Córdoba, y por extensión la tragedia de Once, se convirtieron en tendencia en las redes sociales. En ese caso, las oraciones eran huecas, sin argumentos, pero se replicaban lo suficiente como para posicionar el tema. Córdoba, según los contenidos de una fake news, había confesado.

La confesión era sobre el «sistema de hombre muerto» anulado. Algo que el maquinista había declarado seis años atrás delante del Tribunal, de sobrevivientes y familiares de víctimas durante el juicio oral.

Del terrorismo de Estado a Once, pasando por AMIA y Cromañón, los familiares de víctimas lideraron los reclamos de justicia. Foto: Rolando Andrade

Del terrorismo de Estado a Once, pasando por AMIA y Cromañón, los familiares de víctimas lideraron los reclamos de justicia. Foto: Rolando Andrade

En ningún caso se explicaba que los responsables de la tragedia de Once ya habían sido investigados, juzgados y condenados. Tampoco se aclaraba que los jueces encontraron a Córdoba responsable por sus acciones pero habían diferenciado que, en su caso, no había tenido la intención de causar el choque.

Tampoco decían que Córdoba había tenido una pena de tres años y tres meses, menor a la asignada a los empresarios y funcionarios del Estado. Nadie informaba que los magistrados dieron el mayor peso de la responsabilidad a Ricardo Jaime, Julio De Vido, Juan Pablo Schiavi y Sergio Claudio Cirigliano.

Nadie decía que hay cuatro peritos procesados por el delito de falso testimonio agravado, ni que en mayo el juez federal Marcelo Martínez De Giorgi consideró probado que los peritos mintieron durante el primer juicio de la tragedia -Once I- para perjudicar a Marcos Córdoba.

De eso, nada.

Las denuncias en portales y redes, que aparecen y vuelven a aparecer, desatienden hechos. Para la Justicia, la tragedia de Once ocurrió por una cadena de responsabilidades y una sumatoria de factores: condiciones pésimas de explotación del servicio, ausencia de controles por parte de la Secretaría de Transporte de la Nación, la conducción negligente del maquinista, el exceso de pasajeros, cabinas de conducción sin velocímetros, características de frenado deficientes, un servicio plagado de demoras y cancelaciones, viajes con puertas abiertas, vagones oxidados; y la lista sigue.

La viralización

El 14 de septiembre de 2020 el maquinista volvió a ser tema porque hubo una filtración. Un informe, hecho dentro de un pedido de libertad condicional, fue difundido sin autorización.

Marcos Córdoba está preso en el Complejo Penitenciario de Marcos Paz. Su pena vence el 31 de diciembre de 2021. A partir de fines de noviembre ya puede salir en libertad condicional, aunque se especula con que podría acceder a ese beneficio la semana próxima. Córdoba lo había solicitado fundándose en el tiempo que lleva detenido y su buena conducta.

Para evaluar si le conceden o no la libertad condicional, la fiscal de ejecución Guillermina García Padín solicitó un informe complementario que incluyó la intervención del Equipo Interdisciplinario de Ejecución Penal, con la venia del juez.

Dentro de ese procedimiento, una psicóloga y una trabajadora social entrevistaron a Córdoba en la cárcel.

Marcos Córdoba, el maquinista, siendo rescatado de la cabina de conducción, en la mañana del 22 de febrero de 2012. Foto de archivo

Marcos Córdoba, el maquinista, siendo rescatado de la cabina de conducción, en la mañana del 22 de febrero de 2012. Foto de archivo

«La función de los integrantes del equipo es verificar si Córdoba cumplió con los reglamentos carcelarios, si tuvo o no sanciones, si estudia, si está preparado para reinsertarse en el futuro», dijo Valeria Corbacho, abogada del maquinista, a Clarín, cuando las acusaciones hacia su representado crecían en las redes sociales.

Corbacho es la abogada de Córdoba desde el inicio, pocas semanas después de ocurrida la tragedia. Defendió al expresidente Fernando De la Rúa en el juicio oral por los supuestos sobornos en el Senado y a policías y represores de la última dictadura militar.

«Si hay algo que no pueden hacer los integrantes del equipo es preguntarle sobre el hecho por el cual fue indagado, investigado, juzgado y condenado. Esto está prohibido. Este equipo tiene un protocolo de actuación que estipula cuáles son las normas», se quejó.

En aquella conversación, planteó sus sospechas respecto al tipo de preguntas que habían hecho la psicóloga y la trabajadora social y agregó: «Hay causas abiertas y siempre la estrategia de los otros condenados fue responsabilizar en forma única a Córdoba«.

Gregorio Dalbón. Abogado de una parte de los familiares de las víctimas de la tragedia de Once. La querella que dirigía pidió 22 años de prisión para Marcos Córdoba. Foto: Archivo

Gregorio Dalbón. Abogado de una parte de los familiares de las víctimas de la tragedia de Once. La querella que dirigía pidió 22 años de prisión para Marcos Córdoba. Foto: Archivo

Días después presentó un escrito ante la Justicia para solicitar medidas porque considera que Gregorio Dalbón violó el secreto profesional al publicar en las redes sociales extractos del informe del Equipo Interdisciplinario de Ejecución Penal.

El 14 de septiembre, cuando se viralizó parte del informe, aún faltaba la confirmación de la Corte Suprema, que llegó este jueves. De todas formas, la condena a Julio De Vido sigue en estudio desde hace un año y medio en la Cámara de Casación, que aún no la confirmó ni revocó. Ahí queda una instancia abierta.

La responsabilidad es del otro

«Las defensas de Once desde el primer día intentaron juntar toda la culpa de la tragedia en una maniobra voluntaria o de distracción del maquinista», dice Leonardo Menghini a Clarín. Durante el juicio Menghini representó a once familiares de víctimas. Él también integra esa categoría: es el tío de Lucas Menghini Rey, quien murió en el choque pero su cuerpo fue encontrado dos días después dentro de una cabina en el cuarto vagón.

La formación de la tragedia -el chapa 16- era un rejunte de vagones propios y ajenos, trenes desarmados en forma previa para armar nuevos Frankenstein para correr sobre las vías. La consigna era estirar como fuera. Durante febrero de 2012 el chapa 16 funcionó tan solo tres días. El 3 de ese mes había registrado una falla técnica y salió de servicio para una revisión periódica que terminó el día 21, cuando volvió a la circulación. Era el último día de feriado de Carnaval.

Al día siguiente, el 22 de febrero, Lucas Menghini Rey, de 20 años, músico y papá de una nena de cuatro, esperaba en la estación de San Antonio de Padua, en la zona Oeste de Buenos Aires. Cuando la formación celeste conducida por otro maquinista -Marcos Córdoba recién tomaría el servicio dos estaciones después- se detuvo en el andén, Lucas corrió, esquivó a otros pasajeros y saltó hacia adentro, a través de la ventanilla sin vidrios de una cabina, entre el vagón tres y cuatro.

Su hermana Lara lo reconoció al revisar junto a su padre, Pablo Menghini, filmaciones de cámaras de seguridad de la línea Sarmiento. Para entonces Lucas llevaba más de 60 horas desaparecido. Después del aviso, cuando ya habían pasado dos días del choque, el equipo de rescate buscó donde no había buscado y lo vio.

Los familiares y sobrevivientes de la tragedia de Once lograron algo inédito en la Argentina, que por primera vez hubieran sentencias firmes en delitos de corrupción. Foto: EFE/Javier Gallardo

Los familiares y sobrevivientes de la tragedia de Once lograron algo inédito en la Argentina, que por primera vez hubieran sentencias firmes en delitos de corrupción. Foto: EFE/Javier Gallardo

Poco tardaron los funcionarios en trasladar la carga. El 25 de febrero la entonces ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré, difundió un comunicado que decía: “Se identificó que el cuerpo de Menghini se encontraba dentro de la cabina de conducción del motorman del cuarto vagón, lugar vedado a los pasajeros”.

Una maniobra similar había protagonizado antes Juan Pablo Schiavi. En la tarde del 22 de febrero, en el Ministerio de Economía, en una sala de conferencia de prensa dijo: «Los dos primeros coches y todos lo que usamos alguna vez el ferrocarril sabemos que hay una cultura muy argentina de esto, de ir a la punta del tren para bajar primero y llegar antes y pasar antes y no hacer cola, y no esperar el colectivo, o bajar más rápido al subte…. Esos dos primeros coches estaban abarrotados de gente. Tenían mucha más carga que lo que habitualmente, lo cual produjo que el accidente tomara un nivel de tragedia».

Habían sido los pasajeros y su conducta. No mencionó que las cancelaciones y demoras por trenes que salían de servicio o sufrían fallas continuas habían generado el 22 de febrero, y tantas otras veces, multitudes esperando en las estaciones. Pero sí dijo algo más: «Si esto hubiera ocurrido ayer, que era un día feriado, seguramente ese coche hubiera impactado y hubiera sido una cosa mucho menor y no de la gravedad que fue hoy».

Leonargo Menghini, el tío de Lucas, es abogado y quien llevó adelante el juicio que logró la condena de funcionarios públicos, empresarios y del motorman. Foto: Andres D'Elia

Leonargo Menghini, el tío de Lucas, es abogado y quien llevó adelante el juicio que logró la condena de funcionarios públicos, empresarios y del motorman. Foto: Andres D’Elia

«Los muertos no son sólo consecuencia del impacto», dice Leonardo Menghini Rey y se prepara para enumerar: «Son consecuencia de un parachoque que estaba estático y funcionó como una pared, cuando debía ser neumático y amortiguar el golpe; de la diferencia de alturas entre vagones; de la estructura corroída; de que el chapa 16 estaba detenido para ser desguazado, pero por problemas en todas las formaciones del Sarmiento tuvieron que sacarlo a circular, cuando ese tren nunca debió circular«. Y agrega: «En todo eso está la mayor responsabilidad de los directivos de TBA y los funcionarios que no controlaron y permitieron semejante barbaridad».

Para Leonardo Menghini no hay casualidades respecto a los momentos en los que surgen estas fake news centradas en el maquinista. «Está probado que Córdoba frenó porque en el tren hubo una desaceleración. Impactó a 20 kilómetros por hora y al principio del andén había entrado a 26 kilómetros por hora. También lo ratificó el GPS. Querer confundir con que Córdoba desinstaló el sistema de frenos del tren, cuando se trata del sistema hombre muerto, es una estrategia para victimizar a los victimarios y ejercer una presión sobre Casación que tiene que resolver sobre la cuestión de Julio De Vido».

El 21 de octubre habrá una audiencia en la causa Once II. Los familiares de las víctimas pedirán que a De Vido también se lo condene por estrago culposo agravado, el delito por el que ya fueron condenados Jaime, Schiavi, Cirigliano y Córdoba y que se traduce en ser responsable de haber causado lesiones a centenares de pasajeros y la muerte de 51 personas, incluida Tatiana Lezana, embarazada de seis meses.

Fuente: Clarin

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