Alberto Fernández quiere que Sergio Berni se vaya pero Cristina Kirchner no le hace caso

El ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, se transformó en el dirigente de la coalición de Gobierno que más fastidia al presidente Alberto Fernández. Tanto es así que el Jefe de Estado quiere que ese funcionario renuncie. No pasa. Al contrario. La confrontación entre ambos escala cada vez más. El Jefe de Estado entra en estado de furia cuando habla de Berni en la intimidad. Según fuentes inobjetables de Presidencia, lo describe con adjetivos brutales. El ministro bonaerense conoce la situación y escala el conflicto.

El martes pasado, el Jefe de Estado habló con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, para pedirle que su ministro rebelde debía cambiar de modo total su actitud para subordinarse a las políticas de la Casa Rosada, dejar de hacer declaraciones críticas de la gestión del Gobierno, e incluso le habría sugerido más: que Berni renuncie. No pasó. Ocurre que el funcionario tiene una protectora política poderosa: la vicepresidenta Cristina Fernández. Ella decidió que el ministro de Seguridad bonaerense sigue en su puesto. Otro disenso importante entre el Presidente y su vice.

La situación fue descripta a Clarín por fuentes de la propia Presidencia de la Nación y de la gobernación bonaerense. Berni pelea en público y critica en los medios a la ministra nacional de Seguridad, Sabina Frederic. Es una interna conocida pero que se agrava y no se soluciona. Empeora. El lunes 31 de mayo, Berni ascendió en el esquema de poder y demostró que su nuevo objetivo a lacerar en los medios es directamente al Presidente. En declaraciones al canal América, hizo una acusación grave: «Lamentablemente no tenemos el apoyo del Gobierno nacional en materia de seguridad en la Provincia de Buenos Aires», afirmó, más como si fuera un opositor que un dirigente K. Y volvió sobre su adversaria Frederic aunque ya explicitando que el problema que describe incluye a Fernández: «La ministra se maneja en la Provincia como se le da la gana». Y avanzó y avanzó: «Lamento profundamente que le mienta al Presidente (por Frederic), porque en una provincia donde la seguridad es una materia pendiente necesitamos de la ayuda del Gobierno Nacional y esa ayuda no debe ser solamente económica. Debe haber compromiso, trabajo, conocimiento, profesionalismo».

Berni insistió, conociendo de lo que estaba hablando, es decir, ya más del Presidente que de su ministra: «Ella cree que puede ir de municipio en municipio repartiendo gendarmes”, acompañando así a los intendentes de esas zonas calientes donde el delito no cede sino que además crece: “Lo hace sin articular con la Policía de la Provincia de Buenos Aires».

Ese plan, el de la interlocución de Frederic con los jefes comunales de Buenos Aires, fue el modo con el que el Presidente decidió sostener en su cargo a Frederic y además intentar desgastar a la figura de Berni. El ministro de Kicillof no paró: “Me parece que Frederic no entiende absolutamente nada de lo que se trata esta profesión”. Y cerró: “Ya ni siquiera le pedimos que nos acompañe, le pedimos que no nos entorpezca más».

Esos dichos fueron los que provocaron el diálogo de Fernández con Kicillof para intentar que Berni calle o deje su puesto.

Frederic aceptó que no habla con su par de Buenos Aires y que cualquier política de seguridad la coordina con el gobernador.

Fernández, como se dijo, no aguantó la osadía del ministro de Buenos Aires y por eso habló de los conflictos públicos que le provoca a su Gobierno. Pero el ministro sigue en su puesto.

Frederic replicó las criticas de su rival, siempre a su modo y con estilo menos confrontativo; «La coordinación permanente con los intendentes es mandato del Presidente».

Los jefes comunales del PJ de Buenos Aires no tienen buena relación con Berni. Pero aun así dejó trascender que no renunciará, y que incluso el enfrentamiento mediático con el Presidente «recién empieza».

Clarín intentó comunicarse con el ministro bonaerense pero éste habia iniciado un viaje de fin de semana a la que considera «su» ciudad, la localidad santacruceña de 28 de noviembre, a la que fue para ayudar en el hospital local a combatir el coronavirus, Berni es médico.

La pelea desde hace meses con Frederic está centrada en el control de los agentes de la Gendarmería Nacional que la Nación envió a diferentes municipios de Buenos Aires.

Según fuentes oficiales, son alrededor de once mil quinientos. Berni repite que esa cifra es equivocada, y eleva pedidos a la Casa Rosada para lograr comandar a esa fuerza que penetró en su distrito. Su plan es geolocalizar a través de sus teléfonos a cada uno de los gendarmes para conocer dónde están en tiempo real.

Es evidente, Berni cuenta con el apoyo del poder K en el Frente de Todos: el que impulsa acciones siempre desde las sombras ideadas por la vice Fernández, y también con el sostén del gobernador Kicillof.

Frente a su gente de confianza, Berni siempre redobla la apuesta: «¿Por qué los funcionarios del Gabinete Nacional no me desmienten?». Ningún otro dirigente del Frente de Todos enfrenta de ese modo al Presidente.

Según fuentes del sector del oficialismo que se referencia bajo la jefatura de la vice Fernández, ella tampoco considera que Frederic hace bien su trabajo.

El viernes 14 de mayo pasado, mientras Cristina Fernández era de nuevo Presidenta de la Nación debido a que Alberto Fernández encabezaba un viaje oficial por Europa, una noticia sorprendió para mal a la vice en ejercicio de la Jefatura del Estado. Dejó trascender que supo solo gracias a los canales de noticias de la televisión que un grupo de menos de treinta manifestantes habían cortado las vías del ferrocarril Roca para visibilizar un viejo reclamo laboral. Ese «piquete» provocó el corte del servicio de los trenes. Una multitud terminó así amontonándose en los accesos cerrados de la terminal del Roca en Capital Federal, llamada, quizás no sin paradoja, Constitución.

Miles y miles de personas esperaron apretujadas, y con bronca por el retraso del transporte público, en plena pandemia. La versión del «cristinismo» es que la vice que ocupaba el control de la Casa Rosada en lo formal, se quejó de mal modo porque Frederic no le informó de antemano sobre el conflicto y porque tardó además, siempre según la misma versión reconstruida por fuentes del propio oficialismo, en resolverlo para evitar una gran y muy posible foco de contagio entre los usuarios amuchados del Roca.

En el ministerio de Seguridad de la Nación afirman que desconocen el enojo de la vicepresidenta sobre ese tema, y lo desmienten.

¿Con qué lógica se mueve Berni criticando ya de modo directo a Alberto Fernández?

¿Es otra interna que hace profundizar la vice para oradar el Gabinete Nacional? ¿Cuál es el verdadero beneficio que puede obtenerse tras azuzar una disputa de tal tono y sobre una cuestión crucial como la Seguridad en el distrito más grande y poblado del país?

Berni ha repetido frente a distintos jefes policiales y políticos de Buenos Aires que Frederic no le informa sobre el trabajo de la Gendarmería en la Provincia a pesar de que él mismo le pidió expresamente al Presidente que corrigiera ese desajuste, aunque ya hace más de un año.

En el Ministerio de Frederic replican que Berni sabe donde están los gendarmes, pero lo que realmente quiere es «comandar» esa fuerza.

La ministra, mientras tanto, sigue visitando municipios bonaerenses junto a intendentes con los que lidera actos sobre cuestiones de la seguridad distrital.

Ejemplos: visitó Mercedes para relanzar un plan de compactación de autos robados o destruidos; fue a Ezeiza para acompañar al ex ministro de Seguridad bonaerense, el intendente del lugar, Alejandro Granados, para entregar móviles a la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA); y también organizó en Almirante Brown un acto para inaugurar una sede de Bomberos Voluntarios.

¿El Presidente conseguirá que Kicillof silencie, subordine o remueve a Berni? Las fuentes que protagonizan esta trama coinciden: decide la vice Fernández. Y ella, por ahora, no quiere que Berni cambie su actitud.​

Incluso el funcionario insiste en que profundizará sus criticas a la Casa Rosada.

Hace muchos años que la dirigencia K lo apoda así: «El Loco».

Fuente: Clarín

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