Cuando las circunstancias empujan el ahorro hacia la inversión

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE) ha enviado esta semana dos mensajes encadenados que deben ser interpretados correctamente por todos los agentes de la economía, se trate de modestos consumidores, de trabajadores por cuenta ajena, de empresarios o de inversores. En primer lugar, Christine Lagarde ha advertido de que la recuperación de la actividad económica en Europa es mucho más lenta de lo que el común de los expertos manejaban, con una nueva caída de la producción en el tramo final de este año, y un crecimiento más modesto en 2021, con el consiguiente retraso en retornar a los niveles pre-Covid. Y, como consecuencia de todo ello, ha anunciado que pondrá la máquina de hacer dinero otra vez a pleno rendimiento para seguir facilitando la financiación barata de los Gobiernos de la zona euro. Medio billón de euros más para comprar títulos soberanos, ingentes cantidades de dinero para que la banca conceda crédito y reinversión de los fondos obtenidos por la amortización de los títulos comprados hasta ahora.

En términos prácticos, que los tipos de interés seguirán en el 0% una temporada mucho más larga de lo esperado y que el efecto anestesiante de la expansión cuantitativa sobre los mercados seguirá, lo que determinará la elección de los activos de inversión para los próximos años. Nadie en Europa, ni en EE UU tampoco, cree ahora que los tipos de interés reales vayan a subir del estado congelado en el que están hasta al menos tres o cuatro años. Por tanto, la búsqueda de rentabilidad del dinero no podrá estar en el ahorro tradicional, y no habrá más alternativa que optar por la inversión, asumiendo riesgos a los que no están acostumbrados la inmensa mayoría de los ahorradores. Ahorrar invirtiendo: ese será el paradigma de los próximos años.

Con la deuda de Estados soberanísimos como el español cotizando en negativo pese a tener el mayor volumen de pasivos de la historia, invertir en sus títulos supone renunciar a los retornos regulares, además de asumir el riesgo subyacente de un deterioro del precio si, cuando el BCE deje de comprar deuda, el mercado y los financiadores tradicionales penalizan, por simples fundamentales, los bonos soberanos. Las opciones para la inversión de la inmensa masa de liquidez que hay en el planeta, y también para los particulares, pasan por otro tipo de activos, todos ellos con algún nivel de riesgo. La cuestión es determinar qué grado de riesgo está dispuesto a asumir cada inversor para construir su portfolio de apuestas, pero en el que la renta variable tiene que copar la mayoría de las opciones, ya sea por el reporte regular de dividendos o por la expectativa de revalorización de las acciones.

Fuente: Cincodias.elpais

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