Cuarentena: por la Justicia frenada hubo más consultas para divorciarse, pero pocos trámites resueltos

La convivencia 24×7 modificó la forma en que los argentinos se relacionan con el mundo, parejas incluidas. Abogados de familia entrevistados por Clarín coinciden en que hubo un boom de consultas que podrían llevar a un aumento de separaciones. Además, se registraron casi 20 mil llamadas de víctimas de violencia género a la línea 144 entre el 20 de marzo y el 30 de junio, un incremento del 48 por ciento respecto del mismo periodo en 2019. Pero para sacar conclusiones, estiman, habrá que esperar un poco más.

Este año, en la etapa más restrictiva de “cuarentena” o ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio), la mayoría de los juzgados únicamente funcionó con habilitación de feria. Recién el 20 de abril, tras un mes de cuarentena, la Corte Suprema habilitó la recepción de demandas de divorcios de manera digital y admitió el uso de firmas electrónicas. Los juzgados tuvieron que readaptarse completamente a la informatización de procesos. Nunca, desde que se legalizó el divorcio en 1987, se había presentado una demanda por otro medio que no fuera la presentación escrita.

En esa línea, los reportes oficiales de divorcios y denuncias para iniciar las medidas de protección y la separación, reflejan una reducción drástica. En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, el Registro Civil porteño contabilizó solo 341 divorcios entre marzo y junio, cuando en el mismo período de 2019 la cifra ascendía a 2.094. El acumulado del año sigue la tendencia. De enero a noviembre, hubieron 2.687 divorcios, cuando para ese período en 2019 la cifra había sido de 5.429.

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Muchas consultas, pocos trámites

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Fuente: Ministerio de gobierno porteño / Registro Civil y capacidad de las personas

Infografía: Clarín

De todos modos, noviembre marcó una novedad: hubo 734 divorcios, la cifra más alta del año y el único mes que superó el registro del año pasado (550, en noviembre de 2019).

Más consultas, menos denuncias

Para muchas mujeres, la obligación de «quedarse en casa» implicó “quedar expuestas a la convivencia forzada e ininterrumpida con su agresor”, señaló Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA). En algunos casos, la pandemia generaba “nuevas tensiones” y en otros agravaba la violencia, a lo que se le sumaron “las limitaciones en los ingresos y la sobrecarga en las responsabilidades de cuidado, que fueron absorbidas principalmente por las mujeres”.

De ahí, se entiende que se duplicaran las llamadas de asesoramiento al 144. Sin embargo, eso no se tradujo a un aumento en la cantidad de denuncias judiciales, detalló Gherardi, y señaló que la en la Ciudad la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema mantuvo siempre su atención presencial las 24 horas, pero “vio reducidas a un tercio la cantidad de mujeres que concurrieron a iniciar una denuncia en la justicia”.

“Si bien no hay datos precisos, en otras provincias es muy similar: la falta de certeza respecto de la disponibilidad del servicio de justicia y la incertidumbre sobre el resultado, muchas veces, opera como un desincentivo para tomar la decisión de plantear judicialmente estas denuncias”, opinó la especialista en género.

Abogados: el primer termómetro

“El aumento de consultas por divorcios fue radical”, aseguró a Clarín la mediática abogada Ana Rosenfeld, que estuvo en todas las divisiones de bienes de Marcelo Tinelli, y explicó que para una relación con problemas la cuarentena se sentía como una convivencia en “una prisión domiciliaria”.

“Durante la pandemia, solo se podían hacer cuestiones urgentes, como cuota alimentaria, y una vez que se levantó la feria judicial, los divorcios y separaciones se efectuaron”, señaló la abogada y marcó que, en su opinión, la pandemia fue una gran detonadora de conflictos. “Si una pareja no podía convivir del todo bien viéndose los fines de semana, el hecho de hacerlo en esa cuasi prisión domiciliaria evidenció las intolerancias”, señaló.

A la abogada Eliana Groisman se le cuadruplicaron las consultas en cuarentena. “El acompañamiento en este rubro es muy personal, no se trabaja con un gran volumen. Antes tenía dos consultas por mes y ahora dos por semana. Y en general los colegas que conozco, están en la misma situación”, cuenta. En total, tomó en lo que va del año, unos cuarenta casos, casi el triple que el año pasado.

“Las discusiones en general son cosas de rutina”, contó Grosman. “Hubo parejas que tenían personal doméstico y se peleaban por la distribución de tareas, otras que se resentían por no tener espacios propios privados y me llamaban desde el auto”, ejemplificó y agregó que también hubo separaciones cuando la cuarentena recién comenzaba: “Ya veían insostenible la relación y dijeron ‘Este es el momento para irse’”.

«Tal vez se vea más adelante»

Mientras que el Registro Civil inscribe los divorcios concretados, es en el Poder Judicial donde arranca todo el proceso. En la Ciudad de Buenos Aires, el abogado de una o ambas partes inicia la demanda en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, que sortea a cuál de los 24 juzgados de primera instancia enviará el caso. Según cifras de la base de datos que pudo acceder Clarín, en el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil Nº 7, se iniciaron hasta noviembre de 2020 155 procesos de divorcio. En todo el año 2019, habían sido 225.

“Tal vez se vea más adelante, pero no podría decir que la pandemia haya impactado estadísticamente un aumento de divorcios en mi juzgado”, señaló la jueza Myriam Cataldi, a cargo de ese tribunal porteño. “Sin perjuicio de todos los inconvenientes que ha traído la pandemia, en estos procesos de divorcios hemos podido realizar audiencias por Zoom u otros canales con muy buenos resultados”, aseguró y rescató que las audiencias implican “un proceso muy importante para que la vida familiar continúe”.

“Permiten elaborar soluciones donde se dejan de lado posiciones rígidas para encontrar los acuerdos posibles y se pone el acento en el cuidado de los hijos menores de edad y su necesidad de compartir con los dos progenitores la educación, salud, vivienda, esparcimiento, lazos con la familia extensa de los progenitores”, explicó. También destacó que es un espacio donde, muchas veces, se habla por primera vez en una pareja de “el ejercicio de la coparentalidad” y se evidencian “desequilibrios que había entre los cónyuges y estaban mitigados en la convivencia”.

AS/DD

Fuente: Clarin

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