DE FUSIBLES Y MENSAJEROS

Para quienes hemos sino parte del gobierno en algún momento de nuestra vida profesional ha sido claro que los ministros son “fusibles”; es decir, cuando hay una crisis, su salida y su reemplazo cambian un clima político adverso.

Y esto debe ser especialmente cierto cuando un miembro del gabinete es el que causa la turbulencia por sus palabras, actos o inacción. Por ello, ningún gobernador puede garantizar que su equipo ministerial permanecerá intacto durante todo su período de gobierno. Plantearlo es por lo menos ingenuo.
Entre las cosas insólitas que están sucediendo en Salta, es que con demasiada frecuencia los ministros se han convertido en la fuente de malestar en la provincia por sus afirmaciones incorrectas, soberbias. Además, es mejor decirlo, con lamentable frecuencia son muestras de su profunda ignorancia. Pero resulta que el gobernador en vez de sacarlos para calmar el ambiente ahora resulta que él sale a defenderlos
Esta actitud del gobernador genera una serie de consecuencias muy graves. Primero, lejos de calmar a los opositores del gobierno que son muchos y que ahora tienen la calle para protestar, nutren con razón su malestar por las afirmaciones de quienes son responsables de temas cruciales como la SALUD, para solo recordar algunas de las más recientes metidas de pata de miembros del gabinete.

Segundo, al salir el gobernador Saenz a defender las posiciones equivocadas de sus subalternos está perdiendo el nivel que le corresponde. Deja de ser el gobernador que tiene que ocuparse de los grandes temas, para caer en la posición de “ministro alterno”.

Tercero, por esa actitud en vez de fortalecer su gabinete ante los ojos de la sociedad, lo que logra con esas aclaraciones no pedidas es desaprovechar la oportunidad de mejorar su equipo de gobierno.
Ante esa situación, se ha producido el fenómeno característico, presente en casos similares, en los mundillos periodísticos y políticos, que en un ambiente que viene crispado desde hace tiempo, no es de extrañar que se lo asimile a la aparición metafórica del “olor a sangre”, del que se dice tanta excitación provoca en los tiburones, como por ejemplo, el Oso Leavy o hasta el benévolo Dr. Esteban.-

Gobernador es hora de que use un instrumento que todos los que han pasado por su cargo han utilizado para mantener no solo la gobernabilidad sino nada menos que la credibilidad en su gobierno. Cuando un ministro se equivoca en materia grave se tiene que ir. Es más, aun cuando no ha hecho nada grave, pero pierde la credibilidad ante la opinión pública también le toca ser el fusible de turno si de recuperar las riendas del gobierno se trata. La estabilidad institucional necesita de una manera decisiva que las consecuencias de la gestión de gobierno, en el caso de ser negativas, puedan “descomprimirse” antes de que lleguen a rozar la figura gubernamental y en nuestro caso, es hora que el gobernador se entere que las balas les están pegando de manera directa….y hace rato.-
No porque puede en su caso considerárselo como eximido de toda responsabilidad por las decisiones gubernamentales y administrativas que adopte de una manera directa o indirecta -en suma, no es aplicable al gobernador otro axioma del derecho inglés, en el sentido que “rey no puede cometer error”, y por ende no responde por sus actos-, sino por cuanto esa “descomprensión” de situaciones de crisis es el resultado de la “desconexión” temporaria en el funcionamiento del aparato ejecutivo, por la “disrupción” consecuencia del cambio de un “fusible”, el que no es otro que un ministro o un funcionario de categoría equivalente.
En nuestra situación actual, ante los errores señalados, ellos hubieran significado en otros momentos “el cortarle la cabeza a un ministro”. Que ello no haya ocurrido así -al menos hasta el momento de la redacción de la presente- es consecuencia de dos situaciones de parecido carácter, que se dan simultáneamente a dos niveles.

La primera de ellas, es que en el juego de intereses entrecruzados que se da en el oficialismo, el armado de la estructura gubernamental guarda un no lejano parentesco con el de un rompecabezas, como consecuencia de lo cual al ministro se lo priva de la facultad de la designación de la mayoría de sus colaboradores, ya que esos “cargos” que no se los ve como “cargas”, son objeto de una distribución que busca ser equilibrada -algo que no es lo mismo que equitativa, ni mucho menos con el funcionamiento eficaz del aparato de gobierno- entre los diversos grupos y grupúsculos de la coalición señalada y hasta la opinión de familiares que solo enturbian más las decisiones a tomar.-

A lo cual se agrega otra situación, cual reside en el hecho de enfrentar el gobernador al mismo tiempo que cumple sus funciones, la necesidad de construir un poder del que todavía detenta solo en parte, buscando concentrar en su persona una gran parte de decisiones, que habitualmente se delegan en otros niveles gubernamentales, dado lo cual los ministros vienen peligrosamente a dejar de actuar como fusibles.

Y la ausencia de ellos, no puede convertirlo en fusible al gobernador, ni tampoco en pararrayos… Un problema cuya solución pasa porque el gobernador cuente con una mayor libertad de acción. Algo que es de interés de todos.

Ministros inamovibles no pueden existir en un gobierno porque el que termina perdiendo es el gobernador si no logra reparar los errores cambiando el libreto con nuevos ministros.

Salir a cada rato a sacarles las castañas del fuego a quienes cometen errores graves o dejan ver claramente su ignorancia sobre los temas que manejan, no solo debilita al gobierno sino que afecta seriamente la imagen del gobernador que es el único que tiene que permanecer durante todo su mandato.

Una regla elemental que no puede desconocerse si se trata de gobernar una provincia tan difícil como Salta: el Gobernador no puede convertirse en aquel que les arregla la plana a sus subalternos y los funcionarios que se equivoquen en materia grave o pierdan credibilidad se tienen que ir. Punto.

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