El día que le cambiaron el nombre al “Nevado de Castilla”

El próximo 13 de junio, hará 67 años que una expedición del desaparecido Club Andino del Norte, le cambió el nombre al Nevado de Castilla para imponerle, según la Ley N° 1505, el de “General Martín Miguel de Güemes. Hasta entonces, para los lugareños y desde antiguo, esa montaña era “Piedra sonada”. Sobre este cambio, don Miguel Angel Feixes (88) -único sobreviviente de aquella expedición de 1954-, le contó a El Tribuno que hasta donde él se acordaba, la provincia no había concluido los trámites para que se rebautizara la cumbre. Para estos casos las gestiones debían concretarse ante el Instituto Geográfico Militar, organismo que tenía a su cargo la confección de la cartografía del territorio nacional. 

De todos modos, el primer registro documentado sobre los asensos al “Nevado de Castilla”, data de 1930. Fue cuando una comisión militar a cargo del sargento Carabajal, llegó a la cumbre para realizar relevamientos cartográficos. Desde entonces esa cumbre figura en los mapas oficiales como “Nevado de Castilla”.

Con posterioridad, en 1951 y ya en los albores del montañismo salteño, hizo cumbre en esa montaña, la que se considera como una de las primeras expediciones salteñas con fines deportivos. Fue organizada por el Club Andino del Norte y los montañistas que integraron la excursión fueron José Miguel Cvitanic, Julio Cesar Ramírez y Jorge Ulises Gamez. Partieron de Salta en el invierno de 1951 y por falta de mulares hicieron a pie todo el trayecto. Y cuando llegaron a Potrero de Castilla y preguntaron a los lugareños por donde seguir al Nevado de Castilla, una respuesta generalizada los sorprendió, nadie conocía esa montaña. Y así, después de explicar, un propio del lugar cayó en cuenta y les dijo: “Ahhh, pa nosotros ese nevado es Piedra sonada”, concluyó el lugareño. Aclarada la cuestión, los andinistas pasaron por el Pucará de los Yacones, -sitio arqueológico explorado por Eric Boman- y siguieron cuesta arriba rumbo al nevado. Luego de un día y medio de rigurosa marcha forzada, solo dos de ellos lograron hacer cumbre: Cvitanic y Gamez. Ya en la cima y junto a una cruz, armaron un nicho de lajas dejando en su interior el banderín del Club Andino del Norte. Hecho esto, emprendieron el regreso ya que en el camino los esperaba Ramírez. Y así, los tres en poco más de un día, lograron estar de vuelta en Salta, sanos y salvos.

Cambio del nombre

Pero esa primera incursión no solo sirvió para incentivar el naciente deporte del montañismo en Salta, sino también para rendir homenaje a Güemes. “Fue Cvitanic quien pasando por Los Yacones o ‘camino de la traición’ -contaba Jurcich quien imaginó que el nevado que acababan de doblegar-, bien podía llamarse General Martín Miguel de Güemes”. Y así lo dejó escrito en carácter de vocal primero, en el seno del Club Andino del Norte. Según el libro de actas, el 16 de junio de 1952 la comisión directiva no solo tomó razón y aceptó la propuesta sino que además encargó a su entonces presidente, Dr. Juan Carlos Cornejo Linares, para que tramitara en la Legislatura una ley a los fines que la montaña pasara a llamarse “Nevado General Martín Miguel de Güemes”. Cornejo Linares inició el trámite que concluyó el 17 de septiembre de 1952, cuando se promulgó la Ley N° 1.505.

Imposición del nombre

A un año y medio de aprobada la ley, el 12 de junio de 1954, partió de Salta una nueva expedición del Club Andino del Norte rumbo al Nevado de Castilla. Esta vez, para cumplir el mandato de la ley y proceder a rebautizar la cumbre que hasta entonces permanecía nevada todo el año.

El diario El Tribuno, en su edición del 16 de junio de 1954 dice: “El 13 de este mes, andinistas salteños han logrado hacer cumbre en el Nevado de Castilla, bautizándole General Martín Miguel de Güemes”. Más adelante: “La hazaña se cumplió pese a las grandes dificultades. Los expedicionarios Miguel Angel Feixes, Sergio Benavente y Walter Schmidt del Club Andino del Norte y Elio Torres del Gaucho Rugby Club, lograron la hazaña acompañados por el guía Miguel Cayo quien además colaboró con las mulas.

Los andinistas, vestidos con ropas facilitadas por el Ejército, partieron de nuestra ciudad el 10 de junio de 1954 e hicieron a lomo de mula el trayecto de Los Yacones a Potrero de Castilla. En ese caserío fueron recibidos por la directora de la Escuela Nacional N° 295, doña Hilda Cachisumb Vélez, quien les brindó alojamiento durante la noche. Al día siguiente continuaron camino hasta alcanzar Tres Lagunas donde acamparon”.

Según recuerda Feixes, “el campamento era precario pues solo teníamos una lona. Nos hizo mucho frío y el temporal del Valle de Lerma ya había llegado hasta esos cerros donde la temperatura había bajado varios grados bajo cero”, concluyó.

Y así fue que pese a la precariedad de los medios y las inclemencias del tiempo, los cuatro andinistas y el guía, continuaron cuesta arriba hasta que por fin el domingo 13 de junio de 1954, lograron hacer cumbre en el Nevado de Castilla.

 El busto del general Güemes en las alturas

 Luego de estas primeras expediciones hubo muchas otras, incluso una de ellas llevó hasta la cumbre un busto del general Güemes. Este, luego de ser destruido por un rayo fue repuesto por otro de madera tallado por el escultor Carlos Arturo Ponce Peñalba, a solicitud de un militar de apellido Altamira. 
Este año, un grupo de motañistas tomó fotografías de la cumbre del Nevado de Castilla, a unos 5.580 m s. n. m. donde se halla apostado el busto del general Martín Miguel de Güemes. 
Las fotografías de Natalia Suppa fueron publicadas en las redes sociales y no tardaron en generar un profundo sentimiento de emoción, en el año del Bicentenario del paso a la inmortalidad del héroe gaucho.
 

“Con el corazón noble de los deportistas por excelencia”

De inmediato y ya casi al mediodía, se entregaron a cumplir con la misión: levantaron un mojón con las lajas de la cima; a una cruz que había allí la enderezaron y colocaron otra que Benavente había llevado. Por fin depositaron, previa lectura, los documentos: un pergamino y el acta de bautismo que acababan de escribir en papel romaní, apoyados sobre una laja. La lectura en voz alta estuvo a cargo de Benavente, en una ceremonia que fue breve, solemne y muy emotiva.

Decía el acta: “En el día de hoy, 13 de junio de 1954, siendo horas 12, se bautizó esta cumbre con el nombre de “Nevado General Martín Miguel de Güemes”, por el andinista Sergio Alberto Benavente en representación del Club Andino del Norte y firman para constancia Miguel Angel Feixes (h), Sergio Alberto Benavente, Walter Schmidt, Elio Torres y Miguel Cayo”.

 Acto seguido se procedió a leer del mismo modo, el pergamino que la entidad responsable de la expedición había redactado. Decía así: “Por anhelo del Club Andino del Norte y como muestra de homenaje a los hijos de este Valle de Lerma que se condensa en el sentir profundo del pueblo y gobierno de Salta, hacia su máxima y legendaria figura, el héroe gaucho don Martín Miguel de Güemes, se organiza esta expedición de valientes a constituirse en la cumbre coronada de nieves eternas. Monumento de granito y de hielos que la naturaleza erigiera en homenaje al imbatible guerrillero, con el objeto de bautizar esta montaña con su nombre según dispuesto por Ley N° 1.505 del Superior Gobierno de la Provincia, a los 17 días del mes de septiembre del año 1952, dada en la sala de la Honorable Legislatura de la provincia de Salta. Me trajeron a estas alturas -continúa el pergamino- los andinistas Miguel Angel Feixes (h), Sergio Alberto Benavente, Edgard Walter Schmidt del Club Andino del Norte, y Elio Torres del Gaucho Rugby Club, para que me desciendan otros valientes que a estas alturas lleguen con el corazón noble del deportista por excelencia. Mientras tanto velaré noche y día en las soledades y en su imponente mole con la gloria imponderable del Héroe salteño”.

La nieta de Güemes

Al pie del pergamino estaban estampadas las firmas del gobernador, del arzobispo, del Jefe de la Guarnición, directores de prensa y otras personalidades de Salta. Entre ellas figuraba la rúbrica manuscrita de la nieta del General Güemes, doña Francisca “Pancha” Güemes de Arias.

Además del pergamino y el acta, los expedicionario dejaron en la cumbre estos testimonios: un banderín del Club Andino del Norte, uno del Regimiento 5° de Caballería, uno del Rugby Gaucho Club, uno de la Dirección de Turismo, cedido por su director, don Cesar Fermín Perdiguero, y un Libro de Cumbre. 

Lamentablemente estos testimonios no fueron “descendido por otros valientes” como señalaba el acta, sino que desaparecieron luego de los sucesos de 1955, según lo pudo constatar Sergio Alberto Benavente en una excursión posterior.
 

Fuente: El Tribuno

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