El lanzamiento de María Eugenia Vidal, violencia a la mexicana y el segundo tiempo de Alberto Fernández

La hora de los tigres de papel

Las individualidades no definen nada en política. Tampoco las escaramuzas de cúpula. Es el resultado de procesos colectivos. El poder se arma de abajo hacia arriba. Desde arriba se puede refinar el oído para construir identificación con la base. El resto es trampa. Quien confíe en lo contrario termina en la lista de los tigres de papel, que se comían el futuro en encuestas que nunca se confirmaron en la urna. Deberían darse un paseo por la calle del olvido, en donde yacen las estrellas cuyo carisma de ocasión les prometía el cielo por asalto: Chacho, Terragno, Béliz, Cavallo, Palito, Bordón, Cobos, Massa. Todos claros varones de la política, altos talentos que se acostaban con la banda puesta y se despertaban en el llano. Están entre lo mejor que dio el oficio y ciencia de la política; les sobró ingenio y aparato, pero les faltó la marea colectiva que los pusiera arriba.

En ese espejo deben mirarse Patricia, Vidal, Monzó, Lousteau, Santilli, Berni, Máximo, Axel, esculturas de neón a quienes el centimil les promete votos. Es difícil probar que tienen más votos que lo que ya convocan sus partidos. Son héroes de tramas románticas que confían en el coraje individual para arrastrar a las masas. Una fantasía literaria. ¿Hacen daño? Si descuidan el interés del conjunto para asegurarse posiciones individuales, claro que sí.

El cisma del peronismo desde 2009 se produjo por las imposiciones del proyecto pingüino del matrimonio, del que se desentendió parte del peronismo y de la sociedad. El personalismo de los Kirchner hundió en la derrota al peronismo de los disidentes como Massa, que se cuidaron más ellos que al conjunto. A KirchnerMassa-Scioli no les ganó De Narváez en 2009. Les ganó una marea que el empresario logró cabalgar. La misma marea que la hizo ganar a Meijide ante la poderosísima Chiche Duhalde en 1997, y que la hizo salir segunda a Elisa Carrió en las presidenciales de 2007. Con aparato podés hasta llegar a presidente, como Cámpora o Alberto, pero es difícil que te dejen ejercer el cargo. Te suben o te bajan los procesos colectivos.

El peronismo de 2019 entendió el proceso colectivo y la postergó a Cristina a la vicepresidencia, para cerrar la unidad que le permitió volver al poder. Quien crea que fue Macri quien le puso magia ganadora a Cambiemos en 2015 debería ensayar alguna arqueología sobre la estrategia del PRO, los radicales y Carrió: otro proceso colectivo exitoso, que refinó la representación del voto no peronista de la Argentina.

Hoja de ruta espinosa para la oposición

El 25 de julio cierra la inscripción de candidaturas. La oposición tiene que recorrer en 48 días este road map:

1) Larreta lleva en una mano la carpeta de las encuestas y en la otra la ley de PASO: si la encuesta empata, a primarias. Hoy lo tiene a Diego Santilli como el mejor ranqueado en PBA y a María Eugenia Vidal en CABA. Si Carrió insiste en ir primera en la lista de PBA, Santilli se banca el segundo puesto. Lilita fue primera en las listas de UNEN y Vamos Juntos en la CABA (2013 y 2017), y negocia para el jefe de bloque en diputados, Juan Manuel López, sea candidato también en PBA.

2) Larreta estuvo en la semana con Macri a solas y despacharon señales para retener. Horacio habla como valedor de la coalición entre el PRO y sus aliados. Macri lo hace en representación de un sector del PRO, pero dejó en claro que Jorge Macri no habla por él. Si al intendente de Vicente López no le gusta el armado de Larreta, que se anote en una PASO. Mauricio ha hecho silencio hasta ahora sobre los movimientos del primo, y seguirá en silencio. Es oportuna la ausencia del país de Cristian Ritondo.

3) Otra señal es para Bullrich. Patricia mide menos que María Eugenia. Si no le gusta que ésta vaya primera, acá están las PASO. Horacio no cree que una primaria sea tóxica, como lo fue la de Julián vs. Aníbal, que pulverizó al peronismo de Buenos Aires en 2015. El sigue creyendo que quien pierde después apoya, y cita el antecedente de su PASO con Gabriela Michetti.

4) En Córdoba Larreta cree que la candidatura a senador nacional la tienen que resolver en paz Mario Negri con Luis Juez. Toma distancia ante la incursión de Macri en favor de Gustavo Santos. Negri es el jefe del interbloque de Diputados y es la cabeza indiscutida de la oposición en el Congreso. La nueva legislatura suma caciques opositores como Carrió, Vidal, Bullrich, quizá Pichetto. En ese esquema, el rol de Negri debe quedar asegurado. Si no, le convendrá ir al Senado. Y si no les gusta, PASO. El mediador discreto de posiciones de Larreta para Córdoba es Santilli.

5) Negri comenzó esta semana a armar una convocatoria a una cumbre nacional de dirigentes de la UCR de todo el país, que le ponga un ordenamiento estratégico antes del cierre de listas de julio. El debate en la oposición se lo lleva todo el AMBA y los forcejeos y codazos del PRO.

6) El oficialismo -que está en problemas para ganar en Buenos Aires- se hace un festín operando sobre la oposición para ahondar esas divisiones. Hasta ahora ha cauterizado las amenazas de división y mira cómo en el entramado opositor no hay previsto ningún rol, aún, para el Peronismo Republicano.. Miguel Pichetto condicionó una candidatura a encabezar la lista en PBA, pero entre Carrió y Santilli le queda poco espacio. Estuvo en Misiones esta semana y alzó como modelo a copiar en lo nacional, la alianza que lanzó este domingo el PRO con la UCR y el PJ de Activar (del puertismo). Espera alguna señal del resto de la coalición. Cuando le preguntan sobre la «avenida del medio», ironiza con que es apenas una «cortadita».

Fino lanzamiento desde la Costa Este

La ausencia de Vidal, un virtual lanzamiento de candidatura porteña postergará la verbalización de ese proyecto durante casi todo el mes. Se va este miércoles, vuelve en una semana, sumale otra de aislamiento Covid y llegamos casi a fin de mes. Nadie que no vaya a ser candidato se va a Washington con dos «staffers» -ministros en la sombras- y dilata casi un mes el suspenso sobre qué hará. Es un recurso vulgar explotar la sorpresa y el misterio, como si fueran fórmulas mágicas. Como los peinados, maquillajes y atuendos, que las damas lucen para otras damas, en política la clientela de esos ajuares son los otros políticos, no el público. La gente ya sabe a quién va a votar y a quién no. El que crea que esas actuaciones -como vacunar mucho, poquito o nada- mueven sufragios se equivocan. Pero alimentan una industria.

María Eugenia ya dijo que a la provincia de Buenos Aires no va de ninguna manera. Dejó picando una candidatura en la CABA. El lanzamiento lo hará desde la costa Este, adonde viaja esta semana junto a Hernán Lacunza y Axel Campbell -alas económica y política de su gestión, pasada y futura-. Si fuera a hacerse a un costado no gastaría los esfuerzos de sus compañeros de viaje, ni los que hacen lobistas con sede en Washington, que estuvieron en su Gabinete bonaerense y que han retomado su vida por allá, como Gabriel Sánchez Zinny -ex ministro de Educación- o Santiago Cantón -ex secretario de Derechos Humanos.

Inquinas continentales

Le pone morbo al viaje que sea una invitación de Luis Almagro, secretario de la OEA, contradictor del Gobierno nacional. Este uruguayo es una punta de lanza contra el tercerismo, que tiene en la mira a los gobiernos que votaron en contra de su reelección en ese organismo: Argentina y México, por ejemplo. Para irritar esa corteza, designó a Vidal veedora en las elecciones de El Salvador, y a Cantón, un argentino que ha vivido más en los EE.UU. que por acá, en las de México este domingo. Almagro tiene línea directa con Fulvio Pompeo, canciller de bolsillo de Macri, quien le ha encargado otra veeduría tropical, en Guatemala.

En estas horas mantiene chichoneos verbales con Felipe Solá y el canciller de México, Marcelo Ebrard. Justo cuando ese país va a las urnas en un contexto de violencia poco usual en la región. Lo advirtió una misión de la COPPAL (Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe) que ha presidido el chileno José Miguel Insulza.

La COPPAL es una internacional a la que pertenecen el PJ, la UCR y otras formaciones locales y de la región, y ha sido un foro con más solera progresista que el grupo de Puebla. Fue al alma mater de Antonio Cafiero y del llorado Buscapié Cardozo –que hubiera festejado este fin de semana el campeonato de Colón, su casaca-. El grado de violencia en México, que ciertas pupilas ignoran, alcanza cifras que pueden abrir pesquisas sobre violaciones aberrantes.

La consultora mexicana Etellekt ha contado ya, desde que comenzó la campaña en ese país, 89 políticos asesinados, 35 de ellos candidatos. El resto son colaboradores y familiares, que sumados, llegan a los 230 muertos. De esas víctimas, 40% pertenecen al partidos opositores al gobierno de López Obrador. Ojo, que a todo AMLO le llega su Bachelet. Y después ya no te sueltan más.

El Gobierno aprende para un segundo tiempo. ¿Lo habrá?

Por debajo del radar electoral, Alberto Fernández se entrega a largos talleres de aprendizaje para el segundo tiempo. Ése que reclaman los políticos como su oportunidad de aplicar lo que aprenden en el ejercicio de un cargo para el que no se estudia. Se hizo acompañar en las últimas horas por Martín Guzmán, Matías Kulfas y Wado de Pedro en largos seminarios frente a empresarios. Una de las excepcionalidades argentinas es que los gobernantes toman clase de los sectores a los que deberían resolverles los conflictos. Aprenden en el primer tiempo, confiando que podrán aplicarlo en el segundo. Debe ser la academia más cara del mundo.

El miércoles ese cuarteto estuvo con los capitanes del campo, a quienes Alberto les confesó que él sabe que cerrando las exportaciones de carne el precio interno no va a bajar.

– ¿Qué quiso hacer?, le preguntaron los representantes del Consejo Agroindustrial Argentino.

-Era lo único que podía hacer. Necesito limpiar el mercado, sacar del medio a los empresarios que ensucian el mercado. Necesito que haya carne para el público.

– Repregunta: ¿el Gobierno tiene las herramientas y el tiempo para hacer eso?

– Háganlo ustedes, responde el presidente.

¿Quiénes ensucian? La respuesta oficial señala a la herencia recibida, una veintena de matarifes -así los llamaron- que fueron autorizados durante la gestión Macri, que trucharon embarques haciendo figurar carnes baratas cuando mandaban cortes gourmet. Además, han subfacturado.

– ¿Hacia dónde?

Hacia China (se miran todos entre sí).

– Es tema de la Aduana, le dijeron.

No teníamos otra medida a mano, repitió Alberto, casi como un ruego.

Los visitantes estaban confiados en algún resultado porque el Presidente los había recibido antes de que pasaran 24 horas desde el pedido de audiencia.

El Triángulo de las Bermudas para los proyectos agrarios

Aprovecharon para interesarse por la suerte del proyecto de ley Agroalimentaria, una iniciativa que bautizó Felipe Solá -quien más sabe de esto en el Gobierno- y cuyo borrador inicial salió de la máquina de Gabriel Delgado, secretario de Agricultura en tiempos cristinistas -gestión Casamiquela, 2013-2015-. Una iniciativa del primer tiempo que ahora busca reencarnarse. Prevé un sistema de estabilidad fiscal e incentivos a la producción por diez años.

Hace ocho meses que duerme, como dice Parrilli, el sueño de los justos en algún archivo. Lo frena Axel Kicillof, que entiende que debería contener más ayudas a los productores más chicos. Ese reproche se entona en la militancia como un rechazo a un proyecto que empuja todo el sector, que replica: es una ley de inversiones; está el que pone poco y quien pone más. Lógica capitalista.

La ley está bien, ha sido revisada acá -los consuela Alberto-. Se la vamos a dar a leer al Consejo Económico y Social -dijo mirando hacia Gustavo Béliz- para que la envíe al Congreso cuanto antes.

Un pase hacia el Triángulo de las Bermudas, en donde también, quizás, el cartero llama dos veces.

Guzmán explica poco, pero sí que escucha (y anota)

El taller del jueves fue de alta tecnología. Los cuatro escucharon la master class en el salón de reuniones de la empresa IMPSA (ex Pescarmona) de Godoy Cruz, Mendoza. Fue al asumir la Nación la mayoría accionaria de esta firma emblemática. El gobernador radical Rodolfo Suárez y su ministro de Economía Enrique Vaquié les propinaron una picada con empanadas, a la que sumaron a Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja y uno de los «Gitanos» más famosos de la clase dirigente -compite en olfato con Armando Cavalieri-. Lo aprendieron para el segundo tiempo. Por ejemplo, que una empresa como IMPSA, que está entre las más importantes del mundo en ingeniería de obras, ha sufrido durante años el veto de países como China o los que integran la Unión Europea por el «compre nacional» de esos países.

Pichetto se queja de que Guzmán casi no habla. Pero cómo pregunta y cómo anota. Alberto se quejaba de aquel modelo de protección sin fijarse en el compre nacional de por acá. Y menos aún en el «pague nacional» que el grupo sufrió, según examina la Causa de los Cuadernos. Quintela tenía la vista fija en Guzmán: su provincia está en default y sólo si renegocia bien y a tiempo podrá ser uno de los clientes que necesita la IMPSA, ahora estatizada.

La Rioja y Buenos Aires son las dos provincias que no han salido del default. Y dependen del auxilio de Guzmán para regularizar su credit record. Ojalá pudieran el ministro y Alberto empujar el acuerdo con el Club de París y el FMI, algo que el cristinismo se ha juramentado a que no ocurra jamás. La Argentina ha estado fuera del mercado desde 2002 hasta 2019, salvo los años Macri 2016 a 2018. Hoy es más fácil evitar la foto del arreglo porque en el mundo de la peste nadie paga deudas, todo se condona y se tira para adelante. ¿Justo ahora vamos a pagar?, brindan en el Instituto Patria.

Filigranas de internismo en Mendoza

Si La Rioja logra salir del default podrá firmar con IMPSA la provisión de los molinos de viento para al área de Arauco, en donde tiene previsto un parque de energía eólica. La crisis de esta empresa, que ahora tiene una capitalización estatal, depende además de dos obras pendientes. Una es la represa y central hidroeléctrica de Portezuelo del Viento que se construirá sobre el Río Grande, el más caudaloso de la provincia. Mendoza tiene un compromiso con la Nación, pactado con las presidencias de Kirchner y Macri, para financiarla.

Alberto cumple religiosamente con los pagos comprometidos, aunque le cueste las quejas de La Pampa, que discute el proyecto alegando que le usan recursos propios. Esa obra es un símbolo casi malvínico para los mendocinos, que la apoyan desde todos los partidos. Por eso en la mesa de ese almuerzo-picada estaba Anabel Fernández Sagasti, senadora cristinista que debe pelear este año su reelección en la banca. El afecto de los votantes depende de que apoye esa obra, por la que jura.

La tercera obra que espera la IMPSA estatal es la construcción de varias turbinas para Yacyretá. Con esas tres obras habrá IMPSA para rato. Para la filigrana política: la firma está en el planeta Kulfas, que puso al actual presidente, Marcelo Kloster -un INVAP que vive en Bariloche- que estuvo ausente del almuerzo. Sí estuvo el CEO Juan Carlos Fernández, que está en el cargo hace varios años y también Antonio Caló, jefe metalúrgico. Tampoco estaba otro mendocino aliado del Gobierno, pero enojado con la capitalización de la empresa: José Luis Ramón, que preside un bloque-bisagra que le responde a Massa. Se quejó del aporte de la Nación y viene quejoso de que lo dejan afuera de los acuerdos con la oposición.

Argentina es diferente: se gobierna por ensayo y error

La sinceridad inocente de la política prueba que es una actividad sin misterios, en la que la realidad se agota en lo fenoménico. Es lo que parece. No hay otro mundo detrás de lo aparente. No hay conspiración ni secretos que expliquen, desde bambalinas, los movimientos de los muñecos. La Argentina es un país con políticos de dos tiempos. Es la sinceridad que se transmite desde el libro que le escribieron a Mauricio Macri y que le titularon, con una autorreferencia fatal: «Primer tiempo».

Los políticos criollos obran por ensayo y error en el primer tiempo, y después reclaman un segundo tiempo para el que prometen gobernar con más ciencia y más est/ética. Menem logró su segundo tiempo en 1995 -reelegido para aplicar una reforma constitucional pactada con la oposición-. Néstor Kirchner no tuvo segundo tiempo -temió perder una reelección- pero ensayó enmiendas en un segundo tiempo ganancial, el de su cónyuge, elegida en 2007 bajo la consigna «el cambio dentro del cambio» (fue el lema de la campaña junto al pactista Julio Cobos). Los Fernández tienen desde 2019 su segundo tiempo «para ser mejores» -el virus no los deja-. «No me gusta que me apuren, me cansan las indirectas», decía Palito cuando cantaba aquel clásico «¿Para cuándo joven?». Déjenlos llegar al segundo tiempo.

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Fuente: Clarín

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