El telescopio SOFIA dejará de funcionar en septiembre

La NASA y el Centro Aeroespacial Alemán se disponen a interrumpir de manera definitiva las operaciones del Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja (SOFIA, por sus siglas en inglés), un telescopio a bordo de un avión que lleva años sometido a un intenso escrutinio debido a su alto coste y escasa producción científica. Desde 2014, el observatorio ha realizado cientos de vuelos por encima del vapor de agua de la atmósfera terrestre, para obtener una vista clara de los objetos celestes y obtener datos en longitudes de onda infrarrojas.

SOFIA ha medido campos magnéticos en galaxias, observado agua en regiones de la Luna iluminadas por el Sol y detectado el primer ion que se formó en el universo, el hidruro de helio. Pero mantener el observatorio en funcionamiento le cuesta a la NASA unos 85 millones de dólares al año, casi tanto como los gastos de operación del telescopio espacial Hubble. El pasado 28 de abril, la NASA y el Centro Aeroespacial Alemán, los dos socios del proyecto SOFIA, anunciaron que lo darán por finalizado antes del 30 de septiembre.

El elevado coste del observatorio, combinado con una producción científica que ha sido relativamente modesta hasta hace poco, le granjeó un mal resultado en la encuesta decenal del año pasado sobre el futuro de la astronomía y la astrofísica de EE.UU. Cuando anunció su decisión, la NASA citó la encuesta, donde la comunidad astronómica recomienda el cierre de SOFIA. En principio, estaba previsto que el observatorio tuviera una vida útil de 20 años, pero ahora se desmantelará después de tan solo 8.

«Es una decisión muy difícil y, sin duda, muy dolorosa para todos los que han trabajado en la misión», admite John O’Meara, científico jefe del Observatorio W. M. Keck en Kamuela, Hawái, que ha trabajado en el diseño de planes a largo plazo para la astronomía y astrofísica estadounidense. Pero «es la decisión correcta».

El coste anual de SOFIA supera el de muchas otras misiones astrofísicas de la NASA combinadas. El Centro Aeroespacial Alemán contribuye con el 20 por ciento de los gastos de operación. El observatorio resulta caro porque, a diferencia de los telescopios espaciales, requiere pilotos y personal para los vuelos y el repostaje. 

Único en el mundo

SOFIA es un Boeing 747 con una abertura en su costado, el cual aloja un telescopio de 17 toneladas y 2,5 metros de diámetro que observa el universo mientras el avión vuela a altitudes de entre 11 y 14 kilómetros. Ha realizado unos 800 vuelos científicos desde que entró en funcionamiento en 2014. La aeronave vuela sobre todo desde su base de operaciones en Palmdale, California, aunque también ha despegado desde lugares como Alemania, Chile y Nueva Zelanda, en estos dos últimos casos para observar objetos celestes que solo son visibles desde el hemisferio sur.

SOFIA recoge datos que no obtienen los observatorios terrestres ni los telescopios infrarrojos espaciales, como el telescopio James Webb, que se lanzó el año pasado. Actualmente, es el único observatorio que puede realizar observaciones en ciertas longitudes de onda del infrarrojo lejano. «SOFIA es único en el mundo», afirmó Walther Pelzer, director de la agencia espacial alemana, en un comunicado que anuncia el cese de las operaciones.

Sus capacidades infrarrojas han permitido a SOFIA realizar otras observaciones únicas, como las que condujeron a la detección de agua en regiones de la Luna iluminadas por el Sol. «La noticia es desafortunada para la ciencia y exploración lunares, ya que acabamos de comenzar a cartografiar el agua de la Luna con SOFIA», lamenta Paul Lucey, planetólogo de la Universidad de Hawái en Mānoa. «Las prestaciones de SOFIA son únicas: no hay otros observatorios o naves espaciales capaces de detectar las moléculas de agua en la parte iluminada de la Luna.»

Bajo escrutinio

La producción científica de SOFIA se ha puesto en cuestión desde hace tiempo. En 2019, un par de revisiones encargadas por la NASA destacaron que el observatorio no había generado muchas publicaciones con un gran número de citas. En los seis años que siguieron al inicio de sus operaciones, dio lugar a 178 artículos científicos, en comparación con los más de 900 que produjo el Hubble en sus seis primeros años.

En respuesta a esas revisiones, SOFIA contrató a una nueva directora, Margaret Meixner, y puso más énfasis en la productividad científica. «SOFIA se ha transformado en los últimos tres años», señala Meixner, duplicando el número anual de publicaciones durante ese período. Meixner afirma que su producción científica es comparable a la del observatorio espacial Herschel de la Agencia Espacial Europea, el telescopio espacial más reciente que operó en longitudes de onda del infrarrojo lejano, y que la ciencia de SOFIA aborda muchas de las prioridades de investigación establecidas en la encuesta decenal.

Ante la pregunta de si la NASA había tenido en cuenta los descubrimientos recientes de SOFIA al tomar su decisión, la portavoz de la agencia, Alise Fisher, remitió a la encuesta decenal, donde se señala que «no se han encontrado indicios de que SOFIA pueda tener un futuro mucho más productivo».

Charles Woodward, astrónomo de la Universidad de Minesota en Mineápolis, asegura que el cierre de SOFIA ha generado un sentimiento de «melancolía» entre los expertos en astronomía infrarroja, dado que la productividad del instrumento iba en aumento. «Una parte importante de la comunidad pensará que SOFIA ha recibido un trato injusto», subraya.

En los últimos años, varias solicitudes presupuestarias de los presidentes de EE.UU. han recomendado poner fin al proyecto SOFIA, pero el Congreso (generalmente bajo el impulso de Kevin McCarthy, líder de la minoría republicana en la Cámara Baja y representante de un distrito cercano a Palmdale) siempre proporcionó fondos para mantenerlo en marcha. La última decisión podría hacer que los deseos del Congreso resulten irrelevantes.

Hasta el 30 de septiembre, está previsto que SOFIA realice aún algunas observaciones, que posiblemente incluyan un despegue desde Nueva Zelanda. Luego, la NASA y la agencia espacial alemana desmantelarán el avión.

Alexandra Witze/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

Fuente: Investigación y ciencia es

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