“En el plano de la energía no alcanza con apagar las luces o hablar de la eficiencia energética”

El reconocido periodista Sergio Elguezábal, quien pasó por canales como el 13 o TN y Radio Del Plata, y que actualmente se desempeña como editor responsable en temas ambientales y de sustentabilidad en la radio pública de la Ciudad de Buenos Aires, será el encargado mañana de moderar el panel «La transición energética en Salta: el camino hacia un futuro limpio», propuesta que se enmarca en el ciclo multiplataforma «Hablemos de lo que viene», de El Tribuno, aborda las «Energías renovables: el camino de la transición».

Previamente, accedió a una charla con este diario en la que analizó el escenario que enfrenta el país en camino hacia una sociedad que haga de las energías limpias una cuestión clave para lograr «un círculo virtuoso, que reemplace el actual círculo vicioso en el que estamos inmersos».

Desde hace tiempo viene planteando los temas que hoy son los que aborda el mundo. ¿Cómo fue instalar agenda sobre temas que no estaban en el interés común o que la opinión pública no identificaba aún como importantes?

Es interesante la visión esa. Yo creo que en un momento hubo una especie de quiebre, de inflexión camino a esto de darnos cuenta que vivimos en un mundo donde se producen eventos que realmente son preocupantes. Creo que eso fue en los ‘90 o en los 2000. Hasta los 90, se venía hablando en los medios de comunicación en términos generales referido a la ecología con foco en las ballenas, los pingüinos, hablábamos de fauna. Luego de esa etapa, pasó el tiempo, más de 20 o 25 años y empezamos a tener conciencia sobre eventos que realmente iban a incidir sobre la vida de nosotros.
Yo recuerdo muy claro que es inflexión en mi caso, en mi carrera, fue un trabajo que presentamos que se llamaba “Un mundo de bajo consumo”, en el que habíamos ido para mostrar la contraparte de eso a una gira por algunas ciudades de Estados Unidos, donde vimos el despropósito del consumo a gran escala, de cuando el consumo se va de las manos y ahí veíamos el derroche de agua, lo que significaba en ese momento el packaging (envoltorios) para todo… un mundo que no tenía en consideración todavía, en ese momento, lo que significaba el derroche, el desperdicio de comida que hoy están más cercanas a nosotros. A mí me marcó mucho esa gira porque vine definitivamente con la cabeza diferente, sentí que eso no era sostenible, que no podíamos aspirar a un progreso que tenga esas marchas. Sino que debíamos buscar ese progreso y bienestar dentro nuestro. 
Creo que el paso del tiempo fue demostrando que todo lo que tenga que ver con impulsos regionales a escala, hoy significa progreso. En ese aspecto, las energías renovables son el futuro y creo que el mundo empieza a ver que ahí está el verdadero desarrollo.

Comentaba lo que fue el punto de inflexión para usted y uno piensa que en los 90, cuando todavía se hablaba de ecología, usted ya empezó a incorporar a su tarea el término sostenibilidad, que junto con sustentabilidad, son términos relativamente nuevos para el resto de la gente, con los que recién nos estamos familiarizando y tratando de entender lo que engloba…

Es cierto. Y si bien son términos nuevos, y todavía ajenos para muchas personas, el significado de hacer las cosas de modo sostenible es tan razonable y cercano que puede ser aplicado en todos los campos. Uno puede tener una relación, sostenible o no, con otra persona, en el tiempo. En el caso de las relaciones se basa en el buen trato, en el amor de por medio, en una circunstancia y ambiente que hace que la relación prospere, pero si está viciada, no va a ser sostenible en el tiempo. 
La sostenibilidad no se aplica solo a cuestiones que tienen directa relación con lo que llamamos ambiente, podríamos aplicarla para todo. La vida sostenible es la vida en armonía, aquella que puede garantizar en el tiempo determinados sucesos u organización. Si empezamos a ver así, la organización que nos damos, va a ser diferente el mundo. Ese es el gran desafío de la humanidad en todos los campos: en economía, tenemos que darnos una organización diferente; la representación política debe darse una organización diferente también, la organización de las ciudades, para que sean sostenibles depende de la organización del transporte, los espacios verdes, la cantidad de cemento o no en esas ciudades, el trato entre ciudadanos, el transporteà Son muchas cosas que empiezan a aparecer como desafíos, porque si reorganizamos vamos a necesitar ir a fondo con el rediseño que va a dar trabajo y va a ocuparnos por un largo tiempo. 
 
Vivimos una época de crisis energética en el país y en ese aspecto no se pueden soslayar las soluciones que aportarían las energías renovables a los problemas que tenemos…

Así es, forman parte de las grandes oportunidades que tenemos por delante. Insisto con la idea de la energía cercana. Hay muchos sectores de la Argentina que reciben energía que viene desde cientos de kilómetros. En ese trayecto se pierde energía, y para que ese trayecto sea posible hay que montar gigantescas estructuras, esas grandes obras también generan oportunidades de corrupción. Por lo tanto, me parece que si vamos hacia una escala local o regional va haber oportunidades para diversos actores, la sociedad se va a beneficiar porque va a ser energía más barata al ser cercana, pero además todo el circuito se puede tornar virtuoso porque cualquier cosa quje hagamos a escala humana siempre va a tener un control y una mayor transparencia que aquellas obras monstruosas. Me parece que podríamos ir a esos círculos virtuosos y abandonar los círculos viciosos en los que habitualmente nos movemos.

¿El ciudadano común puede empezar a incorporarse a este nuevo concepto de las energías limpias? ¿Puede tener paneles en su casa para generar aunque más no sea parte de la energía que consume en su vida cotidiana?

Absolutamente. Esto está ocurriendo en la provincia de Santa Fe, donde hay lo que se llama “prosumidores”, que son aquellos ciudadanos que pueden producir energía, consumir lo que necesiten e, incluso, devolver al sistema y cobrar por ello, parte de esa energía que han producido y les sobra. Eso es muy novedoso entre nosotros y cambia la estructura porque incluye y compromete a los ciudadanos. 
Hoy la mayoría de la gente no sabe de dónde proviene la energía que consume, ni cómo se produjo, qué costo tuvieron para traerla hasta su casa, de qué origen esà Son cosas de las que nos hemos desentendido y estos nuevos modelos nos invitan decididamente a involucrarnos.
Me parece importante agregar que la ventana de oportunidad se va cerrando. Los científicos del panel intergubernamental de cambio climático dieron una especie de ultimátum a los líderes globales, diciendo que no tenemos mucho tiempo más para actuar. Creo que empieza a ser insuficiente lo que hemos venido haciendo, necesitamos hacer más. En el plano de la energía no alcanza con apagar las luces, no alcanza con hablar solo de eficiencia energética, necesitamos involucrarnos directamente en cómo la estamos produciendo y el encuentro de estos días en Salta va a resultar de interés por las exposiciones de las personas que tienen en su poder la oportunidad de decidir y de cambiar las cosas. Me parece que si eso se traslada a la conversación pública estaremos hablando de lo que realmente importa y no en discusiones que no llevan a ningún lado y en las que nos embarcan a veces.

Es interesante cómo hace unos pocos años hablábamos de actitudes que podíamos tomar para cuidar al mundo y hoy necesitamos hablar de acciones que necesitamos realizar para salvar al mundo, que no será otra cosa que salvarnos a nosotros mismos. El problema creció sin que nos demos cuenta ni hablemos de él…

Tenemos que seguir con la idea del cuidado. Cuando hablamos del cuidado del ambiente, de la casa común, tenemos que empezar a sentir que el cuidado es hacia nosotros, hacia los cercanos, que están en la familia o los amigos; a los lejanos, esos otros seres humanos que viven de modo más distante, pero también al ambiente. Ya no es posible pensarnos de modo individualista o antropocéntrico como lo veníamos haciendo. Ya no podemos pensarnos solo en la comunidad humana, sin las especies que sostienen la vida, sin los animales, sin los árboles, sin los bosques, no va a tener posibilidad la vida humana. Desaparecen cientos de especies por día. Y esta es la primera vez que se está hablando seriamente de ese riesgo a la población humana, por lo tanto tenemos que reflexionar: ¿Vamos a seguir desmontando como se hace en la Argentina? ¿Cuál es el sentido de eso? ¿Estaremos pensando que hay alguien que va a inventar una máquina que nos proporcione oxígeno? Hay algunas conductas humanas que bordean la idea del suicidio, estamos yendo a ese espacio, a veces sin darnos cuenta. Creo que es momento de atender todo eso, de despabilarnos y empezar a rediseñar ese mundo en el que vivimos. La fórmula, nadie la tiene. Es cierto que es tiempo de preguntas, no hay respuestas. Ojalá alguien las tuviese para cambiar rápidamente ese modelo. Por eso me gusta decir que es tiempo de soluciones inéditas, tenemos que animarnos a pensar inédito, ya que no hay fórmulas y que todo lo que conocemos no resulta sostenible, ese es el desafío también: pensar una organización inédita que nos permita perdurar.

¿Y cómo llevamos desde los medios esta conversación a la calle? ¿Cómo la instalamos entre el público?

Ese es uno de los propósitos que alentaron mi carrera. Ir redescubriendo escenarios. Yo creo que es una de las tareas de los periodistas, poder anticipar en lo que se pueda el tiempo que viene, acompañar esos procesos y, en muchos casos, alentar la posibilidad de transformación. La vida es un permanente cambio y estos tiempos nos lo están mostrando mejor que nunca. Creo que tenemos que ser relatores del tiempo que vivimos, porque todo esto que está pasando hay que contarlo. Necesitamos contárnoslo. Porque los adultos estamos viviendo en un mundo que no conocemos, no hay un antecedente que nos permita prepararnos para lo que viene, lo que ya estamos transitando. Por eso muchas veces los más jóvenes, los chicos nos sorprenden con preguntas que nos interpelan de modo bravío, porque vienen con una conciencia diferente. Ya saben qué hay que hacer y qué no y no están apegados a las creencias que nos aquietan a nosotros, que nos sostienen y no nos dejan progresar. Hay un trabajo de reconstitución humana que tenemos que hacer especialmente los adultos. 
No creo que haya un tránsito hacia lo nuevo demasiado cómodo, vamos a enfrentarnos a grandes incomodidades en el plano de las economías, en el plano laboral, en el plano de la alimentación, de los lugares que habitemos, de la producción. Y creo que hay que estar preparados para eso. Nuestro trabajo es ir acompañando a las sociedades con conversaciones significativas de lo que realmente importa.

Fuente: El Tribuno

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