La industria muestra el camino para salir de la crisis y avanzar hacia el desarrollo 

La industrialización de un país es sinónimo de “desarrollo”. Esta certeza se remonta en nuestra historia a la época de los saladeros y el charqui, y al pensamiento rector de Juan Bautista Alberdi y de muchos de los protagonistas de la organización nacional. Sin embargo, la Argentina (y en general América latina) no ha encontrado el rumbo para superar la dependencia de la producción primaria ni la forma de facilitar la construcción de la compleja arquitectura de empresas grandes, medianas y pequeñas encauzadas en un proyecto global, de nación industrializada, con actualización técnica permanente y decididamente competitiva. De todos modos, hay empresarios comprometidos, que invierten en la industria su capital pecuniario, físico e intelectual, y que tratan de sobrellevar el estado permanente de crisis que nos toca sobrevivir a los argentinos desde hace décadas.
El Tribuno y la Unión Industrial de Salta decidieron convertir esta Semana de la Industria que concluye en una expresión de reconocimiento y solidaridad a quienes, a pesar de todo, siguen trabajando, tratando de generar empleo decente y de incrementar la producción y la competitividad. Numerosas empresas se sumaron en el ciclo 2021 “Hablemos de lo que viene”, que incluyó entrevistas en vivo, a través de la multiplataforma de El Tribuno, con el economista Carlos Melconian; el presidente de la Unión Industrial Argentina, Daniel Funes de Rioja; la presidenta de la UIS, Paula Bibini; el director de Lineac, Gerardo Míguez, y el presidente del ingenio San Isidro, Diego Ruiz. A esta celebración, que es una apuesta a la confianza en el futuro, se sumaron numerosos empresarios de diversas actividades productivas.
El primer balance que nos dejan estos días es el consenso que existe en el sector privado sobre que el país va a salir adelante con el aumento de la producción, con la incorporación de valor agregado, el avance hacia el desarrollo de las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial y un sistema educativo adecuado para la formación de los recursos humanos que requieren estos tiempos.

El protagonismo de la empresa

La empresa, desde hace cinco siglos, es un actor protagónico en el desarrollo de la economía tal como la vivimos y a la que aspiran todos los seres humanos. Sin empresas es imposible imaginar un sistema que brinde los niveles de educación, salud pública, calidad de vida y libertad que forman parte del conjunto de derechos considerados inalienables.
Es inimaginable, también, el desarrollo de la biotecnología, la robótica y todo el sistema de comunicaciones. Los experimentos autoritarios de los últimos cien años muestran las consecuencias de las ilusiones del estatismo mesiánico.
Pero la empresa no existe solamente por la voluntad de sus propietarios ni por la calidad de su personal. Solo puede sostenerse en el tiempo y multiplicar sus beneficios dentro de un sistema que allane el camino y que no vea en ellas un inagotable cuerno de la abundancia al que puede convertir en un proveedor de impuestos sin límite y del que puede esperarse que sobreviva a todas las exigencias.
Con un Estado deficitario y en un contexto social con tan elevados niveles de indigencia y de precarización laboral como los actuales, los gobiernos encuentran mucho más sencillo aumentar los impuestos para paliar esas necesidades con subsidios destinados a organizaciones sociales, antes que optimizar su propio funcionamiento administrativo.
La empresa necesita financiamiento en grandes volúmenes. En la Argentina, para la industria y para cualquier tipo de inversión tecnológica, se ha vuelto inaccesible, en pesos y en dólares. La pretensión de “vivir con lo nuestro” es una utopía. El mundo globalizado gira en una dirección y a una velocidad de vértigo y la industria argentina debe adecuarse a esa realidad. La retenciones a las exportaciones, por una parte, y los costos generados en la fragilidad de la moneda nacional, sumado a los vaivenes de las políticas cambiarias, dan como resultado un país imprevisible, con costos internos altísimos y que no puede competir en gran parte de los mercados externos. La inflación, que se estima en un 80% promedio en los últimos setenta y cinco años, perjudica a la inversión productiva, pero además es demoledora para el salario.
El costo laboral, al que se suman normas de emergencia como la prohibición de despidos o la duplicación de indemnizaciones, terminan construyendo un modelo social económicamente insostenible.
Y a esto se suma la ineficiencia burocrática, que todo lo hace lento y trabado; al decir de un empresario salteño, “donde ven una solución, de inmediato le buscan un problema”.
 
 El Norte Grande

El ambicioso proyecto regional del Norte Grande, concebido e impulsado por Roberto Romero y por los gobernadores del NOA y NEA en los años 80, respondía a una meta: modernizar la producción, ampliar mercados, industrializar e instalar a la región en el mundo”. 
La idea, un poco olvidada por lo ocurrido durante cuatro décadas, sigue vigente. 
Paula Bibini, en nombre de los industriales salteños, dijo: “Uno apuesta y reinvierte en el lugar donde vive, donde pudo desarrollar su actividad y sigue creciendo. Esa es la mirada del industrial salteño: darle valor agregado a lo que produce”.
El Estado, nacional y provincial, debe colaborar para que esa fidelidad a la tierra de uno sea sostenible. 
 La carga tributaria que soporta la actividad industrial se acerca al 72% . “Hay más de 60 tributos en paralelo que un industrial que comercializa en las provincias del norte está afrontando. Estamos hablando de tránsito nacional, provincial y municipal. Eso nos quita competitividad respecto de empresas que están cerca de otros lugares de mayor consumo, donde uno puede comercializar mejor la mercadería. Esas cuestiones, sumadas al alto costo logístico y de flete, constituyen asimetrías territoriales”.
No hay federalismo industrial, entre otras cosas, porque no hay ferrocarriles que funcionen, porque no se contemplan las realidades regionales y porque los gobiernos centrales, de cualquier signo, no ven a los gobernadores como representantes de sus provincias, sino como militantes de una causa.

El Triángulo de Sábato

Esta Semana de la Industria, permitió al ciclo “Hablemos de lo que viene” expresar la vocación innovadora de la industria y la agroindustria salteñas.
Es bueno, en este punto, recordar el llamado “Triángulo de Sábato”, que es un modelo de construcción de un sistema científico-tecnológico con tres aristas: el Estado, la universidad y la empresa. Es decir, un gobierno que ejecute políticas productivas, una infraestructura científico-tecnológica que genere tecnología y el sector productivo como inversor, que incorpore a la tecnología en la cadena del producto. 
La idea del triángulo también es antigua, pero los ingenieros y las dos universidades de Salta la reivindican como absolutamente válida para que la Argentina, el Norte Grande y Salta no pierdan otro tren; ahora, el de la Cuarta Revolución Industrial. Con este evento en vivo, desarrollado y puesto al servicio del público en todas las plataformas, El Tribuno dio otro paso hacia el periodismo de un nuevo tiempo, con los mismos valores desde hace 72 años: mostrar la realidad con fidelidad, ahora, en tiempo real; comprometido con las necesidades de la provincia y de todos y cada uno de los salteños, celebrando los logros y visibilizando las carencias, defendiendo al federalismo, la democracia, los derechos humanos y el desarrollo como partes inescindibles en la construcción de la calidad de vida y de    un futuro más equitativo. La industrialización y la inversión    tecnológica son el camino del     desarrollo humano, que los salteños debemos emprender sin     esperar que termine la pande    mia.
 

Fuente: El Tribuno

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