Las primeras imágenes del telescopio James Webb

Nuestras vistas del universo son cada vez mejores. El pasado 12 de julio, el telescopio espacial James Webb, un instrumento de 10.000 millones de dólares, presentó cuatro nuevas imágenes científicas, entre las cuales hay estrellas recién nacidas que brillan a través de espectaculares «acantilados» de gas o galaxias que interactúan en una intrincada danza cósmica. Un día antes, los astrónomos ya se habían maravillado con la primera instantánea del observatorio, una increíble inmersión en el universo lejano.

El telescopio James Webb observa el cosmos en longitudes de onda infrarrojas, lo que le confiere una visión diferente a la de muchos otros observatorios, como el telescopio espacial Hubble. El espejo del Webb, con un diámetro de 6,5 metros, es el más grande jamás lanzado al espacio. Gracias a este gran espejo y a su capacidad de detección en el infrarrojo, el observatorio puede ofrecer imágenes sin precedentes de muchos fenómenos astronómicos.

Eso incluye las estrellas de las galaxias que conforman el Quinteto de Stephan, situado a 90 millones de pársecs (unos 290 millones de años luz) de distancia, en la constelación de Pegaso, así como las ondas de choque producidas por las colisiones entre esas galaxias. Las imágenes que ha obtenido el telescopio Webb revelan millones de estrellas jóvenes que se forman a medida que chocan el gas y el polvo, así como las amplias colas que deja una de las galaxias, NGC 7318B, al atravesar el conjunto. La instantánea «muestra el tipo de interacción que impulsa la evolución de las galaxias», afirma Giovanna Giardino, astrónoma de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Y eso no es todo. «Para mí, lo sorprendente [de la imagen] del Quinteto de Stephan es la cantidad de galaxias que hay al fondo», subraya Jane Rigby, científica responsable de las operaciones del telescopio Webb en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA.

Otro proceso cósmico aparece reflejado en una nueva fotografía de la nebulosa de Carina (la imagen que abre esta noticia), una región de formación estelar ubicada a unos 2330 pársecs, o 7600 años luz. Las grandes estrellas calientes situadas en el centro de la nebulosa la bombardean con radiación, lo cual genera una cavidad gaseosa, rodeada de espectaculares picos y valles que se han bautizado como «acantilados cósmicos». Las capacidades infrarrojas del Webb le permitieron mirar a través del polvo que suele ocultar esta vista a otros telescopios. El observatorio también reveló puntitos brillantes de luz en la nebulosa, que corresponden a estrellas recién nacidas. «Están pasando tantas cosas en esta imagen… es preciosa», se admira Amber Straughn, astrofísica del Centro Goddard.

La nebulosa del Anillo Sur, una brillante cáscara de gas y polvo expulsada por una estrella cerca del final de su vida, se halla en el extremo opuesto del ciclo de vida estelar. Situada a unos 770 pársecs (2500 años luz) de distancia, en la constelación de Vela, la nebulosa muestra anillos de material, cada uno expulsado durante un determinado episodio de la muerte de la estrella. «Vemos lo que le pasó a la estrella justo antes de crear esta nebulosa planetaria», explica Klaus Pontoppidan, científico del proyecto Webb en el Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial. «Lo encuentro fascinante porque son como capas geológicas que nos permiten ver la historia de sus últimos momentos.»

La alta resolución del telescopio Webb le permitió captar detalles sutiles de esas capas, así como revelar una segunda estrella que orbita alrededor de la principal. Juntas, esas estrellas iluminan la nebulosa circundante, como cuando el Sol brilla a través de las nubes.

De entre las imágenes publicadas por la NASA, puede que la menos llamativa, pero la más interesante desde un punto de vista científico, sea el espectro (un análisis químico) de la atmósfera de un planeta lejano conocido como WASP-96b. Este planeta tiene más o menos la mitad del tamaño de Júpiter, pero completa una vuelta alrededor de su estrella en tan solo 3,5 días, lo que significa que su superficie es extremadamente caliente. Webb observó el planeta mientras transitaba por delante de su estrella, de modo que la luz de esta atravesó la atmósfera del planeta y permitió que los científicos analizaran su composición. Así, detectaron la presencia de agua en la atmósfera de WASP-96b, lo que sugiere que es un lugar realmente abrasador.

El espectro es «simplemente espectacular», valora Christopher Evans, científico del proyecto Webb en la ESA. «Los científicos llevan años intentando hacer [espectroscopía] desde la superficie de la Tierra… y, de repente, ahí lo tenemos, y es solo el primer intento.»

Es el primero de los muchos espectros de exoplanetas que obtendrá el telescopio Webb, en un campo de investigación que ni siquiera existía cuando se concibió el telescopio, antes de que conociéramos ningún mundo más allá del sistema solar. Sin embargo, los exoplanetas prometen ser una de las principales áreas de descubrimiento del observatorio. El estudio de los espectros de esos cuerpos planetarios quizá revele hasta qué punto podrían ser aptos para la vida. «Podemos usar esta herramienta para ver algo, porque la gente quiere saber cuándo vamos a descubrir otra Tierra», señala John Mather, científico principal del proyecto Webb en el Centro Goddard.

Los cuatro instrumentos del telescopio ya se encuentran totalmente operativos y han comenzado a tomar datos científicos. Los astrónomos están encantados de contar con este nuevo y potente observatorio, que promete brindar descubrimientos sobre una amplia gama de fenómenos astronómicos. «Tenemos este enorme laboratorio para aprender sobre diferentes aspectos y áreas del universo», se alegra Hannah Wakeford, astrónoma de la Universidad de Bristol.

El telescopio James Webb es una colaboración entre la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Canadiense. Se lanzó en diciembre, tras más de dos decenios de desarrollo, y observa el universo desde un punto del espacio situado al otro lado de la Luna, a 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta.

Alexandra Witze

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Más información en español en el sitio web de la ESA.

Fuente: Investigación y ciencia es

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