Mediobanca podría ser el caballero blanco de Unicredit

Enrico Cuccia fundó Mediobanca después de la Segunda Guerra Mundial como un baluarte del capitalismo italiano contra las manos confiscadoras de un Gobierno cada vez más entrometido. Roma una vez más parece estar en un estado de ánimo intervencionista. La expulsión del jefe francés de Unicredit por parte del consejo ha asustado a los inversores del segundo banco del país. Si tan solo Cuccia, que murió en 2000, pudiera reencarnarse…

Jean Pierre Mustier no hizo muchos amigos en Italia durante los más de cuatro años que dirigió la entidad. Los accionistas son más pobres. Sus trabajadores no están particularmente contentos. Su némesis de Milán, el jefe de Intesa Sanpaolo, Carlo Messina, le ha hecho morder el polvo. Pero tal vez lo más peligroso es que ha molestado a los poderes de Roma, desde el Banco de Italia y el Tesoro hasta el Palacio Chigi, residencia del primer ministro, Giuseppe Conte.

Pero el mandato de Mustier murió en una batalla que debería inquietar a los inversores en activos italianos. La presión sobre Unicredit para ayudar a resolver uno de los persistentes problemas financieros del Gobierno, un inminente segundo rescate de Monte dei Paschi di Siena, fue la supuesta gota que colmó el vaso. Había un puñado de razones por las que el consejo podría haber pedido la salida de Mustier. Para los accionistas, el desacuerdo sobre un rescate forzoso de Monte Paschi es el peor de todos.

Ahora que Mustier se ha ido, los inversores han concluido que Unicredit inevitablemente seguirá las órdenes de Roma y diezmará el precio de sus acciones. A menos que, esto es, un caballero blanco ofrezca una alternativa. Tal vez uno que tenga los dones que necesita Unicredit, desprovisto de lo que los consultores bancarios llaman la fábrica para desarrollar productos de gestión de activos que generen ingresos, así como sólidos negocios de digital, de banca de inversión y de asesoría.

Entra el fantasma de Cuccia. Mediobanca es hoy posiblemente la institución financiera de gran tamaño más exitosa de Italia. Genera rendimientos que la mayoría de los años superan su coste promedio ponderado de capital. Desde que Mustier se hizo cargo de Unicredit en 2016, el retorno total para los accionistas de Mediobanca es del 72%, superando cómodamente el 38% de Intesa y el -11% de Unicredit.

Mediobanca también tiene algo de lo que podría venirle bien a Unicredit. Su rama de préstamos al consumidor Compass, que aporta casi la mitad de los beneficios operativos del grupo, generó un rendimiento cercano al 30% del capital asignado en el último trimestre. Su rama de gestión de patrimonio es más pequeña, pero creció un 11% en el trimestre respecto al año anterior, devolvió un 20% y es muy adecuada para un período de tipos ultrabajos. Su banco digital para ricos, llamado CheBanca!, se fundó durante la última crisis financiera y tiene unos 800 asesores privados y depósitos que ofrecen una fuente de financiación barata.

El negocio de patrimonio de Unicredit también encajaría bien con el de banca de inversión de Mediobanca, cuyos ingresos netos saltaron a 85 millones en el último trimestre, un 48% más que el año anterior. Por último, Mediobanca tiene un candidato potencial para reemplazar a Mustier: el CEO, Alberto Nagel, un acólito de Cuccia de 55 años, que ha pasado toda su carrera en el banco.

Unicredit también tiene algunos encantos para Mediobanca. Nagel ha tratado de expandir el negocio más allá de Italia, comprando una boutique de asesoramiento en París en 2019. La posición de Unicredit como banco de empresas en Alemania, Austria y Europa central y oriental ofrece potencialmente un mayor terreno de caza para los financieros de Mediobanca.

Solo hay un problema no demasiado piccolo: la capitalización bursátil de Mediobanca, 6.600 millones. Incluso después de la caída tras la salida de Mustier, Unicredit vale casi tres veces más. Una fusión inversa, en la que el menor de los dos ofrezca comprar a su primo mayor por acciones, sería superaudaz. Es el tipo de cosas a las que Cuccia solía dar vueltas rutinariamente, como la propuesta de fusión de Montedison y Gemina en 1995, que finalmente no salió ante la presión de los inversores anglosajones y los furiosos magistrados locales.

Para llevar a cabo una adquisición, Nagel tendría que convencer a los inversores de Unicredit de que sería mejor que aceptaran acciones en el grupo fusionado que quedarse a su suerte con el consejo y su nuevo presidente, Pier Carlo Padoan, que resulta ser el ministro de Finanzas en 2017, cuando Roma decidió tapar los agujeros de Monte Paschi inyectando más de 5.000 millones en el banco más antiguo de Europa.

Los propios accionistas de Mediobanca podrían ser un obstáculo mayor. Leonardo Del Vecchio, el magnate de las gafas que posee una décima parte del banco y tiene permiso de los reguladores para duplicar su participación, no es gran fan de Nagel.

Mediobanca probablemente necesitaría la aprobación de los accionistas para emitir una avalancha de nuevas acciones para los accionistas de Unicredit. Con sus acciones cotizadas en alrededor del 72% de su valor contable tangible, aproximadamente el doble de la valoración de Unicredit, podría incluso proponer una prima. Pero los inversores necesitarían ver un plan para endulzar los retornos del grupo combinado. Nagel ciertamente no podría proponer un trato solo para enganchar el puesto principal de Unicredit, que de todos modos podría ser suyo si lo quisiera.

Para Unicredit, sin embargo, Mediobanca podría ser una especie de caballero blanco, liberando al consejo de una boda de penalti, mediada por Roma, con Monte Paschi y su concomitante agujero negro de responsabilidades legales y préstamos improductivos.

Todo esto es un poco de fantasía M&A, por supuesto. Justo el tipo de cosas que Cuccia en su apogeo habría considerado para mantener la loba de Roma en su jaula.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

Fuente: Cincodias.elpais

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