Normalizar la menopausia para evitar su medicalización

La menopausia, el proceso biológico por el que las hembras dejan de ser fértiles, es una peculiaridad extraña en el reino animal. Hasta ahora, solo se han identificado cinco especies que experimentan este fenómeno: las orcas, los narvales, las ballenas belugas, los calderones y los seres humanos. Las razones evolutivas de la menopausia sigue sin estar claras. Las principales hipótesis plantean que es un mecanismo que favorece la supervivencia del grupo: las abuelas, al no poder tener más descendencia, centrarían su tiempo y dilatada experiencia en la crianza de sus nietos o de otros miembros jóvenes del grupo, además de realizar otras importantes tareas.

La menopausia es un evento natural que sucede en torno al 50 % de la población humana mundial, a partir de cierta edad (entre los 45 y 55 años). Sin embargo, la experiencia que rodea este proceso no es universal, sino justo lo contrario; diferentes factores biológicos, culturales y sociales influyen de forma determinante en cómo percibe cada mujer la menopausia. Todo ello también condiciona su posible medicalización (entender este proceso normal de la vida como un problema de salud que necesita tratamiento sin que esté justificado desde un punto de vista médico), lo que puede potenciar aún más una visión negativa de esta etapa de la vida.

Un equipo internacional de especialistas sanitarios han publicado un reciente análisis en la revista médica British Medical Journal sobre la importancia de normalizar la menopausia, eliminar su estigma y potenciar una educación realista y equilibrada (con sus puntos positivos y negativos) sobre esta etapa normal de las mujeres. Con frecuencia, tanto desde la sociedad, como desde el ámbito médico, la narrativa sobre la menopausia se centra en su posible lado negativo (problemas de sueño, sudores nocturnos, sofocos, fatiga, cambios de humor, dolor de músculos y articulaciones…), cuando existen múltiples aspectos positivos o neutrales, como la liberación de la menstruación, del embarazo o de la contracepción.

Esto influye en que las mujeres tengan una actitud más positiva de la menopausia tras pasarla que antes de llegar a ella, ya que, a menudo, las expectativas sobre las experiencias de esta etapa no coinciden con la realidad de estas. A su vez, unas actitudes y expectativas negativas antes de la menopausia incrementan el riesgo de síntomas angustiantes cuando esta etapa aparece. Aquellas que adoptan una visión medicalizada de la menopausia tienden a atribuir los cambios físicos y mentales a este causa, en lugar de a otras, lo que puede dificultar un correcto diagnóstico de una posible dolencia (como la depresión).

Además, informar a las mujeres sobre los síntomas que pueden aparecer en la menopausia, su evolución y cómo manejarlos podría darles seguridad sobre cómo pasar este periodo. Dos encuestas realizadas en Irlanda y Estados Unidos (EE.UU.) mostraron que entre el 65 y el 77 % de las mujeres no se sentía preparada para la menopausia y reconocían que les faltaba información importante sobre lo que esperar y cómo mejorar su salud. La falta de información es todavía más acentuada en torno a las personas transgénero y no binarias y las mujeres inmigrantes. En las primeras, además de entornos que pueden no ser seguros ni adecuados para ellas, los médicos cuentan con lagunas de conocimiento. Como contraste, los tabús en algunas culturas de mujeres inmigrantes a la hora de hablar de la menopausia impiden que conozcan los cambios normales que puedan aparecer.

Durante siglos, la medicina ha difundido una visión negativa del envejecimiento reproductivo de las mujeres. En el siglo XIX se pensaba que la menopausia causaba una enfermedad nerviosa con múltiples manifestaciones físicas y psicológicas. La función de los ovarios se consideraba esencial para la feminidad y, por tanto, se recomendaban estrógenos a todas las mujeres menopáusicas para tratar esta «grave, dolorosa y a menudo incapacitante enfermedad».

En este documento se recalca que la menopausia es un estado fisiológico. Aunque algunas mujeres puedan tener dificultades para atravesar esta etapa y necesiten tratamiento médico (incluso terapia hormonal), eso no convierte a la menopausia en un proceso patológico. La terapia hormonal sustitutiva para la mayoría o todas las mujeres menopáusicas, que experimentan niveles bajos de estrógenos, fue una postura médica errónea que causó más daños que beneficios para la salud, como demostraron múltiples investigaciones con el paso del tiempo. En la actualidad, se desaconseja esta terapia para la prevención de enfermedades crónicas.

Las autoras señalan varios estudios científicos que ponen de manifiesto cómo el contexto biopsisocial y económico influye no solo en la percepción y las expectativas de los signos/síntomas que pueden aparecer con la menopausia, sino también en el mismo comienzo de esta etapa y en la aparición y gravedad de diversos síntomas. Así, por ejemplo, la menopausia aparece un poco más tarde en las mujeres de países ricos (de media, a los 51 años) que en aquellos de ingresos bajos o medios (de media, a los 46-48 años) e informan de más síntomas vasomotores. En 11 países asiáticos los síntomas que se identifican como más problemáticos son el dolor en el cuerpo y articulaciones (que afectan al 76 % de las mujeres coreanas y al 96 % de las vietnamitas). En cambio, solo el 5 % de las mujeres indonesias informa de sofocos.

Por otra parte, en EE.UU, las mujeres de diferentes grupos étnicos también experimentan la menopausia de forma distinta. Así, las mujeres de ascendencia africana tienen una menopausia más precoz y con síntomas vasomotores (sofocos y sudores nocturnos) más frecuentes y duraderos que las mujeres caucásicas. Las razones detrás de este fenómeno no se conocen, pero el racismo estructural, la desigualdad y múltiples estresores a lo largo de la vida podrían estar contribuyendo.

La mayoría de las mujeres que atraviesan la menopausia experimenta cambios en el cuerpo. Sin embargo, estas suelen considerarlo un proceso natural que se puede manejar sin intervención médica. En ese sentido, una encuesta en EE.UU. dirigida a más de 2.500 mujeres en los años 80 encontró que un 35 % se sentía neutral sobre esta experiencia e incluso el 42 % estaba aliviada por pasar por la menopausia. En Australia, otra encuesta realizada en 2001 registró que un 90 % de las mujeres no tenía problemas por los cambios físicos o psicológicos que aparecían con la transición menopáusica o perimenopausia (el periodo endocrino de varios años que va de una menstruación normal a la última menstruación y la ausencia de ovulación).

Las investigadoras concluyen su trabajo recalcando la importancia de combatir la discriminación de las mujeres que envejecen, el estigma de la menopausia y de informar con equilibrio para que las mujeres estén mejor equipadas para navegar a lo largo de esta etapa de la vida.  

Esther Samper

Referencia: «Normalising menopause», Martha Hickey et al. en British Medical Journal, vol. 377:e069369 , 15 de junio de 2022.  

Fuente: Investigación y ciencia es

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