PANDEMIA: LA LUNA, EL TREN Y EL REFLEJO DE SUCCIÓN

«El reflejo de succión es un reflejo arcaico que se da en los seres humanos durante las primeras semanas de vida, generalmente hasta los cuatro o seis meses. Se activa cuando un objeto entra en contacto con los labios del recién nacido para que la boca se ponga a succionarlo», dice su definición. En otras palabras, es un reflejo casi instintivo que la naturaleza nos proporciona para sobrevivir.

Sin embargo, en algunos individuos reaparece a distintas edades o incluso se prolonga toda la vida. Tal es el caso de ciertos personajes que, ya sea por conveniencia o convencimiento, activan nuevamente este reflejo, ya no para lactar sino que lo ponen al servicio de la adulación rentada. En la jerga popular se lo conoce como «chupamedismo» y es también, en algún grado, un acto de supervivencia pero llevado al vergonzozo e innecesario extremo de la indignidad.

Quienes por nuestra función poseemos acceso a información privilegiada y diferencial, tenemos el compromiso y la obligación ética de darla a conocer, sea para advertir, sea para cuestionar, analizando los hechos y el contexto y ofreciendo alternativas posibles.

En esa tarea nos encuentra esta pandemia desde hace meses, tratando de llevar claridad a la confusión y una proyección objetiva y bienintencionada del devenir.

Contar casos estadísticos, medir su impacto, comparar, estimar, cuestionar y opinar en función de ello no es un acto de terrorismo informativo, sino más bien todo lo contrario. Dirigentes y funcionarios lúcidos sabrán tomar estos aportes a favor de su propia gestión y de cara al beneficio común para mejorarla, modificarla, cambiarla o, por qué no, mantener el rumbo.

Pero en el medio aparecen algunos succionadores de sobres haciendo espejo de sus miserias, desacreditando, ridiculizando y acusando a todo aquel que se atreve a cuestionar al líder. Flaco favor le hacen, pues tapar el sol con un dedo no provoca un eclipse; por el contrario, lo hunden junto a ellos en aguas servidas y en su descrédito. Piensen, observen, recuerden, analicen. La evidencia está en sus propias acciones, que además promocionan como actos de lealtad que terminan siendo no más que una declaración de servilismo incondicional.

Los que nos ocupamos de interiorizarnos más, de seguir la información día tras día, de conocer y averiguar, de indagar y profundizar en los datos, veíamos la luz del tren que se nos venía encima. En cambio, los necios siguen diciendo que es la luna.

Lic. Agustín Gómez Augier

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