PASO 2021: Tras el golpazo, en el Gobierno ya hablan de «reencauzar la gestión»

Cuestionado ferozmente por el kirchnerismo, sin un armado propio ni dirigentes con peso específico que lo apuntalen en los momentos de tensión interna, con escaso margen en la economía, y aturdido por la estrepitosa derrota, Alberto Fernández afronta la difícil misión de dar vuelta la página rápidamente para intentar reencauzar su gestión. Pero el reclamo intenso de cambios en el Gabinete que abundaba en la previa a las PASO, que el Presidente se resistía a hacer hasta este domingo, y que ahora luce inevitable, no alcanza: mientras en el oficialismo hablan de recuperar la identidad del espacio, en el entorno del mandatario se abrazan al antecedente de 2009 y aseguran que “de esto se sale laburando” y “gobernando”.

Algo de eso intentó plasmar Fernández en su aparición en el búnker del Complejo C. En la peor noche del mes más duro desde que asumió, el jefe de Estado intentó un golpe de efecto.

“Nada es más importante que escuchar al pueblo. Es un dato que tomamos muy en serio y que acatamos. Hoy el pueblo se expresó”, dijo en el inicio de su discurso, visiblemente golpeado, rodeado por la vicepresidenta Cristina Kirchner, el resto de la cúpula frentetodista y los candidatos de Provincia y Ciudad.

Antes de salir a escena, Alberto estuvo en un apartado junto a Cristina, el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa; el jefe del bloque de Diputados, Máximo Kirchner, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, en el que el clima fue espeso. “Lo deben estar despellejando”, exageró, con cierto regocijo, una voz kirchnerista que buscaba desahogarse de la “tragedia” que -decía- representa el resultado, “no sólo en Provincia sino en todo el país”.

Con todo, en ese encuentro se trazó cómo iba a ser la reacción a la inesperada derrota. Y que el único orador sería Alberto. Hubo quien propuso que había que “redoblar” y no admitir errores, al advertir la necesidad de “que no quede como una rendición”, sobre todo de cara a las generales.

Finalmente, se acordó que el jefe de Estado arrancara con una fuerte autocrítica, pero que luego se enfocara en arengar a la militancia e instalar la idea de que el oficialismo trabajará unido de cara a noviembre. “Lo peor que podemos hacer es dejar que se rompa la unidad. Eso no estaba en duda antes de esto y debemos dejar en claro que tampoco lo está ahora”, explicaba un alto funcionario que prefería ignorar el gélido saludo con puño entre Alberto y Cristina, entre varios abrazos de otros dirigentes, y las elocuentes caras de la vice en medio del discurso.

“Evidentemente algo no habremos hecho bien para que la gente no nos acompañe. Todo los que estamos aquí escuchamos. De los errores aprendemos”, agregó Fernández, quien con sus palabras buscó incluir al resto. En parte -interpreta alguien que dice “bancar más que nunca” a Fernández- fue un gesto para incluir a todos, pero también puede leerse como un aviso de que la derrota tampoco es solo suya.

Más allá de la foto final de unidad que el FDT le intentó dar, con todos los dirigentes de peso subidos al escenario, hubo pasajes de extrema tensión. El primero de ellos se dio con las imágenes que desde La Plata mostraban a Kicillof y Máximo K eufóricos junto a la fórmula de candidatos de PBA, Victoria Tolosa Paz y Daniel Gollan.

Es que hasta ese momento en el Gobierno, por una expresa bajada de línea del Presidente, nadie se anticipaba a hablar de un triunfo. Ni siquiera cuando los bocas de urna que llegaban desde el búnker de Juntos por el Cambio daban al FDT arriba por más de cinco puntos. “¿Cómo van a festejar sin un solo dato?”, cuestionaban -con criterio- cerca del Presidente, que por entonces seguía todo desde Olivos, junto a sus dos incondicionales, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; y el secretario general de Presidencia, Julio Vitobello.

Hacia adelante, mientras el Presidente planteó que “a partir de mañana” el Gobierno va a empezar “a resolver el problema que la gente plantea”, en el oficialismo conceden que eso “inevitablemente requiere cambios”. De nombres, primero, pero también de perfil. Vuelve a escena el contraste entre el rígido método de conducción de Cristina y La Cámpora y el estilo más radial e improvisado de Fernández, que hasta aquí había logrado evitar hacer concesiones en ese aspecto.

“Hay que poner todas las pilas en trabajar para resolver los problemas de la gente”, considera un hombre del Presidente de los que negaba enfáticamente que fuera a haber cambios en el Gabinete. De todos modos, por primera vez en 22 meses, en el micromundo que trabaja en Casa Rosada admiten, resignados, que “no hay margen para bancar” a los funcionarios que no funcionan. El dilema es cuándo. Y si eso alcanzará para satisfacer a los socios de la coalición. “Hay que recuperar nuestra identidad. Alberto tiene que escuchar más. A Cristina, a Máximo, a Axel y a Massa”, alertan desde el kirchnerismo.

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Fuente: Clarín

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