Perseverance halla signos de antiguas inundaciones en Marte

Durante décadas, la percepción más habitual de Marte ha sido muy simple, casi en blanco y negro… o más bien en rojo y azul: está el planeta actual, estéril, helado y seco, de un rojo oxidado. Y hace eones, había un mundo más cálido, más húmedo y de tonos aguamarina, con ríos, lagos, océanos y quizás incluso vida en la superficie.

Esas visiones roja y azul de Marte son como dos caras de una misma moneda, y los científicos tratan de entender la causa del gran vuelco planetario que condujo de una a otra. Sin embargo, cuanto más examinan la cuestión, más claro parece que esa cruda dicotomía no puede ser del todo cierta: Marte, como la Tierra, es y siempre ha sido muchos mundos en uno. Más que un único cambio global del azul al rojo, la historia de su habitabilidad se explica mediante una serie de saltos en un variopinto mosaico regional de condiciones complejas y cambiantes.

«Resulta muy fácil contemplar Marte de un único modo en un momento dado», incide Matt Balme, de la Universidad Abierta del Reino Unido. «Pero había lugares que eran cálidos, húmedos, fríos y secos, todo ello al mismo tiempo.»

Un artículo publicado recientemente en Science expone con exquisito detalle esa visión más matizada. (Balme no participó en el trabajo.) El manuscrito anuncia los resultados iniciales de un estudio visual in situ del punto de aterrizaje del vehículo explorador Perseverance de la NASA, que se posó en febrero en el cráter Jezero.

Quienes diseñaron la misión eligieron Jezero porque, según las imágenes tomadas por los orbitadores, podía albergar un antiguo delta fluvial y un sistema de lagos, cincelados por el movimiento del agua hace miles de millones de años. Ahora, el análisis de Perseverance no solo ha confirmado esta hipótesis, sino que también ha descubierto que allí ocurrieron episodios pasajeros caracterizados por un cambio repentino.

El estudio ha sido codirigido por Nicolas Mangold, de la Universidad de Nantes, y en él ha participado Jesús Martínez Frías, investigador del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid. El equipo usó las imágenes tomadas por Perseverance para examinar el tamaño, la orientación y la distribución de las rocas esparcidas alrededor del vehículo, así como de aquellas incrustadas en las capas sedimentarias de acantilados y afloramientos ubicados a distancias de hasta varios kilómetros.

Los resultados muestran que, hace 3700 millones de años, un río fluía en esa región a velocidades de varios metros por segundo, alimentando un lago que llenaba el cráter de 45 kilómetros de diámetro y poseía una profundidad de hasta 100 metros en algunos puntos. Pero el análisis del equipo también reveló fluctuaciones inesperadas en la profundidad del lago, que en ocasiones parecía aumentar o disminuir varios metros, posiblemente como resultado de variaciones estacionales. «Había un lago», señala Mangold, «pero la historia no es la que esperábamos».

Hasta la fecha, los ingredientes más sorprendentes de la historia de Jezero se han descubierto asomando entre los sedimentos de grano fino del delta: cantos rodados de más de un metro de diámetro, redondos y suaves como producto del desgaste que sufrieron durante su prolongado y accidentado viaje a través del río Jezero… pero, paradójicamente, demasiado grandes para que un simple río los moviera. «No deberían estar ahí», subraya Mangold.

La explicación podría ser que, en algún momento, esa región experimentó grandes inundaciones. Los guijarros y otros escombros se habrían visto arrastrados a grandes distancias por las torrenciales aguas que se precipitaban por el lecho del río, antes de acabar sumergidos en el antiguo lago. No está claro qué pudo causar inundaciones de tal magnitud, pero, en la Tierra, tales fenómenos pueden producirse cuando se derriten grandes cantidades de hielo o se registran fuertes precipitaciones.

Esos cantos rodados y los sedimentos circundantes podrían representar una gran oportunidad para estudiar materiales formados mucho más allá del perímetro de Jezero, apunta Kirsten Siebach, investigadora de la Universidad Rice ajena al artículo. «Perseverance podría ser capaz de tomar muestras de rocas que se hallaban muy lejos río arriba», añade, en referencia al objetivo clave de la misión de recoger especímenes para su futuro retorno a la Tierra.

Un equipo liderado por el geólogo Timothy Goudge, de la Universidad de Texas en Austin, también describió una hidrología marciana más activa y extrema en un artículo publicado recientemente en Nature. Ese trabajo demostró que quizás una cuarta parte de las cadenas de valles que vemos en Marte hoy en día podrían haber surgido en escalas de tiempo muy cortas, esculpidas por vastos torrentes de agua que se precipitaron a través de la superficie durante episodios de inundaciones catastróficas. «En vez de tallar los cañones a lo largo de decenas o cientos de miles de años, habría sucedido en un tiempo del orden de semanas o meses, o tal vez unos pocos años», explica Goudge. «Eso es algo casi instantáneo desde el punto de vista geológico.»

Esos violentos y cataclísmicos diluvios podrían haber sido fatídicos para cualquier organismo que se interpusiera en su camino, pero tal vez constituyan una bendición para los astrobiólogos que buscan sus restos con un vehículo robótico. Si hubo cualquier tipo de vida en las condiciones de habitabilidad aparentemente óptimas del río y el lago de Jezero, las inundaciones podrían haber ayudado a preservar las pruebas de su existencia. Estas habrían quedado resguardadas frente a eones de duras condiciones superficiales gracias al manto protector de los sedimentos que se depositaron de repente.

«Eso significaría que [esas pruebas] están protegidas de la radiación y no se han visto expuestas a la intemperie», destaca Michael Meyer, científico principal del Programa de Exploración de Marte de la NASA en su sede de Washington D.C. Por lo tanto, para Perseverance, esos depósitos en el delta del río podrían ser uno de los mejores sitios para buscar indicios de vida pasada en Marte. «Es un lugar excelente», confirma Meyers.

Todo esto presagia nada menos que una nueva era en la exploración de nuestro planeta vecino. Cada señal adicional que hallen Perseverance y otras misiones en relación con sucesos localizados y transitorios capaces de moldear profundamente partes del paisaje marciano añadirá otro hilo de colores al gran tapiz de la historia del planeta. Ya sea en el acogedor tono azul de un claro lago en el cráter o en el torrencial rojo de las inundaciones repletas de sedimentos, nuestro mundo vecino aún tiene mucho que contarnos. «Estamos empezando a comprender la complejidad de la historia marciana», concluye Siebach.

Jonathan O’Callaghan

Referencias: «The importance of lake breach floods for valley incision on early Mars», Timothy A. Goudge et al. en Nature, vol. 597, págs. 645–649, 30 de septiembre de 2021; «Perseverance rover reveals an ancient delta-lake system and flood deposits at Jezero crater, Mars», Nicolas Mangold et al. en Science, 7 de octubre de 2021.

Fuente: Investigación y ciencia es

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