«Se evidencian cambios significativos»

Por Federico Colombo Speroni 

Cómo todos los años, junio se inicia con el recordatorio del Día Internacional del Ambiente y, para los que trabajamos en estos temas, es una oportunidad para redoblar los esfuerzos en visibilizar la problemática ambiental e instalar la necesidad de una actitud responsable y activa en la búsqueda de un desarrollo equitativo y sostenible.

Se busca el diálogo entre lo entre lo global y lo local, entre lo estratégico y lo inmediato, entre lo colectivo y lo individual, entre la producción y la conservación. Términos que parecen contradictorios, pero que no lo son.

En las últimas décadas se evidencian cambios ambientales significativos a escala planetaria y la aceleración de problemas globales como el calentamiento global, la desertización o la pérdida de biodiversidad. Solo por dar algunos ejemplos, según el último reporte anual del Programa de Naciones Unidas para el Ambiente (PNUMA), las concentraciones de gases de efecto invernadero continúan creciendo, principalmente producto del consumo de combustibles fósiles para cubrir demandas energéticas. Asimismo, continúa una disminución permanente e irrevocable de la diversidad de especies y genes, y una significativa degradación de ecosistemas.

Problemas globales, soluciones globales. Desde la Conferencia de Río de Janeiro en 1992 el abordaje respeto del ambiente se ha centrado en la importancia en redefinir pautas sociales que impliquen disminuir significativamente los niveles de consumo de los recursos naturales y la implementación de nuevas de tecnologías limpias y eficientes.

En el último reporte del Global Footprint Network se evidencia que la sociedad global consume bienes y servicios muy por encima de la capacidad que tiene el planeta para regenerarlos (1,7 al 2018). Pero también evidencia una marcada heterogeneidad entre regiones y países. Hay países que consumen más recursos que la media mundial y otros que consumen por debajo de esa media. También hay heterogeneidad en el interior de los países y entre regiones. Esta mirada multiescalar de la problemática ambiental obliga a pensar en estrategias articuladas que respondan a las necesidades locales en el marco de las problemáticas globales.

En este contexto, la necesidad de desarrollo económico, por ejemplo en el Noroeste Argentino, tensiona el territorio entre actividades productivas que puedan mejorar la calidad de vida de las personas y el mantenimiento de los valores ambientales como parte del patrimonio global y de las generaciones futuras. Los desafíos de la denominada «equidad intergeneracional» se centra en los sistemas de aprovechamiento de los recursos naturales, el agregado de valor a la producción primaria y, fundamentalmente, los mecanismos para la distribución de los beneficios (medido en términos de incremento en la calidad de vida de las personas). Como contraparte, los desafíos de la denominada equidad «intergeneracional», los desafíos se encuentran en garantizar la igualdad de oportunidades de las generaciones futuras, es decir, que las generaciones futuras puedan decidir qué recursos utilizar, de qué forma utilizarlos y con qué finalidad. Cambia la perspectiva de gestión del mantenimiento del recurso natural pensado en su utilización actual, hacia el mantenimiento de un sistema socioambiental funcional y proveedor de bienes y servicios. En el tablero de ajedrez quedan pocas posibilidades de movimiento, y el reloj está corriendo, hay que pensar muy bien. Entonces, la coyuntura debe ser resuelta a la luz de la estrategia.

Federico Colombo Speroni es doctor en ecología experimental y geobotánica que se desempeña en la Universidad Católica de Salta. Cursó la licenciatura en ciencias biológicas en la Universidad Nacional de Salta (UNSa) y el doctorado, en la Universidad de Pavia (Italia). Especializado en la ecología de especies vegetales nativas del NOA, también obtuvo un magíster en conservación en la Universidad Internacional de Andalucía (España). 
 

Los 17 objetivos de desarrollo sostenible definidos por la Organización Naciones Unidas definen esa estrategia global: fin de la pobreza, hambre cero, salud y bienestar, educación de calidad, igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, trabajo decente y crecimiento económico, industria, innovación e infraestructura, reducción de las desigualdades, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumos responsables, acción por el clima, vida submarina, vida de ecosistemas terrestres, paz, justicia e instituciones sólidas y alianzas para lograr los objetivos. La pregunta es ¿cómo las estrategias regionales y locales nos ayudan a resolver la coyuntura y, a su vez contribuyen con el cumplimiento de objetivos globales? La planificación y la mirada a mediano y largo plazo son fundamentales.

Los planes de desarrollo a escala territorial y los planes de manejo, desde una perspectiva operativa le dan sentido a las acciones y definen las mejores herramientas para su cumplimiento. ¿»Para que» realizar ciertas acciones? ¿Cuál es el objetivo que perseguimos con su implementación (en términos de desarrollo sostenible)?.

La planificación es el ámbito de acuerdo social en el que se materializa la decisión de uso y conservación de los recursos, con proyección hacia las generaciones futuras. Pero también, la planificación comprende el detalle operativo de las herramientas (legales, económicas, político-institucionales, ecológicas, sociales) que van a concretar, en la práctica, en el territorio, ese futuro que nos imaginamos. No solamente el «para qué» se realizan ciertas acciones, sino también el «cómo» es la base del diálogo que necesariamente se da entre el interés colectivo (la sociedad en su conjunto) y las acciones individuales de cada uno de nosotros. Es frecuente escuchar que la sociedad se encuentra en permanente cambio. Las demandas «ambientales» son cada vez mayores y la conciencia que la sociedad tiene sobre las problemáticas se ha profundizado desde la Conferencia de Río en 1992 hasta hoy. Los espacios de participación ciudadana son cada vez más frecuentes y el diálogo se hace permanente y necesario. Nuevos consumidores, nuevos mercados, nuevas tecnologías, nuevas generaciones, requieren nuevos enfoques de consumo y de producción.

Tendencias actuales en gestión ambiental y territorial hacen foco sobre la importancia de lograr un balance «adecuado» entre conservación y uso de los ecosistemas, incorporando múltiples variables, garantizando el funcionamiento de los mismos a largo plazo y promoviendo la provisión de bienes y servicios. Desde esta perspectiva, la producción y la conservación coexisten en el territorio en un diálogo permanente que se va configurando a lo largo del tiempo.

Fuente: El Tribuno

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