Sin baile y con tope de gente, desde este fin de semana los salones de fiesta podrán volver a organizar celebraciones

El viernes 27 de noviembre un sector que desde el inicio de la pandemia de coronavirus supo que iba a estar entre los últimos en volver, se alegró. Ese día, en conferencia de prensa, se detallaron las disposiciones para la etapa siguiente del Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio (DISPO) en la Ciudad de Buenos Aires. Y entre los permisos adicionales se anunció la reapertura de los salones de fiesta.

El regreso será con comida pero sin baile y con un aforo del 30% en relación a la capacidad habilitada. En los espacios bajo techo, además, podrá haber como máximo 60 personas en simultáneo. Así lo establece una resolución firmada este lunes por Matías Lanusse, director de la Agencia Gubernamental de Control (AGC).

El texto, que no sumó datos grandes en comparación a lo informado el viernes pasado, funcionó como la confirmación formal del retorno. Sin ese papel, durante el fin de semana, las personas dedicadas al rubro de los salones de fiesta se manifestaban conformes pero aún a la espera de una comunicación oficial que les permitiera empezar a coordinar la reactivación.

Ahora, con la resolución, el sector proyecta retomar la organización de festejos este fin de semana. Antes, deberán presentarle a la AGC una declaración jurada sobre el cumplimiento de los protocolos sanitarios vigentes y de los requisitos establecidos en materia de seguridad y funcionamiento, por ejemplo tener un sistema apto de ventilación artificial, en caso de no haber ventilación natural.

«Nosotros ya estamos trabajando en la presentación de los papeles y pedimos al Gobierno que las aprobaciones sean rápidas para este fin de semana estar en condiciones de volver a trabajar», dijo a Clarín, Karina Barros, vocera de Salones y Multiespacios Argentinos y propietaria del salón Cielo Azul, en Belgrano. A mediados de este año, junto a otros referentes del sector, se convirtió en una cara visible del reclamo: «nos están sacando la potestad del festejo», repetía al ver las flexibilizaciones que jamás llegaban a ellos y el crecimiento, en paralelo, de las fiestas clandestinas.

El salón de fiestas Cielo Azul, en Belgrano, cerrado desde marzo. Reabriría este fin de semana.

El salón de fiestas Cielo Azul, en Belgrano, cerrado desde marzo. Reabriría este fin de semana.

Este lunes 30 de noviembre mientras esperaba la resolución recibía a un ingeniero en Seguridad e Higiene que recorría su salón y, después de la inspección, acompañaría con su nombre, apellido y firma la declaración jurada que ella presentó ante las autoridades. El documento debe tener los datos de la persona que requiere la autorización, en este caso los dueños de los salones, y un profesional. En general este es un arquitectos o arquitecta o ingeniero o ingeniera que avalan que el espacio sea seguro. Una vez aprobado el documento, está autorizada la reapertura.

Se estima que sólo en la Ciudad de Buenos Aires hay unos 200 salones. En su mayoría son emprendimientos familiares y pymes. Aún no está terminado el relevamiento sobre cuántos debieron cerrar desde el inicio de la pandemia. Desde distintos ámbitos hablan de situación catastrófica: acumulan nueve meses sin facturación. Los salones cerraron antes del 20 de marzo y desde entonces, sin una reactivación en el horizonte, muchos se reconvirtieron en otros rubros.

En junio Clarín contaba la historia de los hermanos Leonel, Alexis y Walter Mariani, quienes con 25 años en la animación de fiestas infantiles viraron su negocio y se transformaron en una verdulería. Entre los inflables del pelotero, un toro mecánico y una pared transformada en un muro de escalada, armaban cajones de fruta y verdura para repartir a domicilio. Así pagaban los sueldos y algunos gastos. Permanecían a flote.

El viraje de Karina Barros no fue tan extremo pero sí, complejo. Meses atrás comenzó con un delivery de viandas y de «combos de cumpleaños» (cajas con torta, cupcakes, golosinas, juegos, cotillón y globos de hielo). Más cerca en el tiempo usó el espacio que tiene en la vereda del salón para ofrecer una propuesta gastronómica de desayuno, té o meriendas. «La gente no nos asocia a nosotros con bares, nos identifica como salón. Nos busca para un festejo íntimo, el bar tampoco es la solución», dice.

Los salones de fiesta pertenece a una industria que le da empleo a miles de personas.

Los salones de fiesta pertenece a una industria que le da empleo a miles de personas.

Y sigue: «En mi caso saqué las mesas y las sillas afuera. Me robaron dos sillas Tiffany -un modelo muy utilizado para eventos, en casamientos, fiestas de 15 y otras celebraciones-. Me quería morir, son muy caras. Encadené el resto, por las dudas. Ahora saber que vamos a volver, todavía lejos de nuestra actividad específica pero un poco más cerca, es un alivio. La realidad es que apostamos a que sea escalonado y que pronto nos amplíen la capacidad».

«Somos un sector muy castigado. Toda apertura que nos permita ir adaptándonos es buena. Es un gran anuncio», consideró luego de la conferencia de prensa del viernes Juan Pablo Amarante, hijo de Silvia Amarante, presidenta de la Asociación de Organizadores de Fiestas, Reuniones y Eventos Empresariales de la República Argentina (Aofrep). Pero enseguida equilibró: «De tener nada a esto es un montón pero también necesitamos más. Teníamos cero, ahora nos dieron un 1, pero nuestra industria no come con este paso. Si esto no es escalonado, y en el futuro no se permiten otras flexibilidades, tenemos una industria fundida».

Desde Aofrep afirman que la habilitación de estos primeros eventos les permitirá volver al ruedo, mantenerse un poco y afrontar algunos gastos. No habrá ganancias. Amarante estima que la recuperación frente a casi nueve meses sin facturación llevará dos años y que, en ese contexto, muchos quedarán en el camino. «A veces sentimos que se minimiza el impacto de nuestra actividad, que pone en movimiento a muchos otros gremios. Por eso, necesitamos que las aperturas estén acompañadas con ayudas económicas que favorezcan al sector«. En su pedido Amarante incluye exenciones impositivas, subsidios y la creación de un fondo de desempleo para poder hacer frente a la crisis que originó la pandemia.

La industria de eventos, ferias y congresos, que se nuclea en salones de distinta magnitud, reúne a alrededor de 36.000 personas. Su actividad está asociada a más de 2.000 empresas, que incluyen desde organizadores, estudios de arquitectura que idean stands, diseñadores, carpinteros, ambientadores; pasando por negocios de iluminación, compañías de acreditación, armado de carpas; hasta servicios de transporte, sonido y folletería, entre muchos otros rubros.

NS

Fuente: Clarin

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