Villa Rodrigo Bueno: los chicos volvieron a entrenar en la canchita de fútbol y el barrio recuperó su alma

Se asoman por las calles y los pasillos. Miran a través de las ventanas y aguzan el oído. Desde las 2 de la tarde, los chicos y las chicas de la villa Rodrigo Bueno merodean la canchita de fútbol del barrio. Hace unas semanas se reanudaron los entrenamientos y no se aguantan en sus casas. Falta una hora aún para que los entrenadores den inicio formal a la práctica. Unos minutos antes de las 3, chequean las redes de los arcos, y organizan las pecheras y las pelotas. Ya se respira el clima que tanto extrañaron a lo largo de la cuarentena por el coronavirus. Mucho antes del pitazo inicial, los profes tienen la cancha copada por las y los pequeños jugadores.

La escuelita de fútbol de la villa Rodrigo Bueno funciona desde hace 14 años, motorizada por los propios vecinos. Cuando arrancaron, la cancha era de tierra y la rodeaban construcciones mucho más bajas. Este espacio vital, porque en los barrios pobres una cancha es un auténtico pulmón de aire, estuvo en jaque. Sufrió una toma toma y cuando los vecinos lograron recuperarla, la mejoraron. Y aunque ahora nadie puede imaginar otro destino posible para este terreno, se vienen cambios para este campo de juego. 

La villa nació en los 80, con un puñado de familias. Hoy son alrededor de mil y se encuentran atravesando un proceso de urbanización que arrancó hace algunos años. El objetivo es mudar a más de 600 familias y mejorar las condiciones habitacionales del resto, que continuarán viviendo en lo que llaman «barrio histórico». Se derribarán las casas de los vecinos que se muden y se construirán calles que atravesarán al tejido actual. En este contexto, una calle pasará por uno de los arcos de la cancha, por eso habrá que reconfigurarla, cambiándole la orientación.

La villa Rodrigo Bueno está en proceso de urbanización y eso obligará a cambiar la disposición de la cancha. Foto Lucía Merle

La villa Rodrigo Bueno está en proceso de urbanización y eso obligará a cambiar la disposición de la cancha. Foto Lucía Merle

«El principal objetivo es que los pibes y las pibas vengan a divertirse, a jugar, que hagan deportes, que se alejen de los peligros, que estén ocupados, conectados a pensamientos positivos», dice Lucas Diego González, un vecino del barrio de 16 años y jugador de 8va división de Argentinos Juniors. Es entrenador, junto a su hermano mellizo, Thiago Armando, y a su papá, Diego Armando. Oda al 10. Lucas arrancó a entrenar a los 6 años y también pasó por Boca Juniors: «Cada DT que conocí me dejó una enseñanza, presto mucha atención porque después son herramientas que me ayudan a conectarme con los chicos y las chicas, a transmitir algo», le cuenta a Clarín.

Hace dos años se sumaron también las chicas: «Están jugando increíble, hay un equipo muy sólido, con mucha garra. Nosotros queremos además que esto sea parte de un proyecto grande, que algún día podamos participar de los torneos oficiales, ser una ayuda para que los pibes y las pibas puedan tener una vida mejor«, afirma Diego, quien además es delegado de los vecinos del barrio.

Hace dos años, la escuelita de fútbol sumó actividades para chicas. Foto Lucía Merle

Hace dos años, la escuelita de fútbol sumó actividades para chicas. Foto Lucía Merle

Por primera vez, y en plena pandemia, sumaron la merienda de los chicos para después de los entrenamientos. Cuando terminan los partidos, toman una copa de leche, galletitas, algún jugo fresco. Debajo de dos sombrillas, Hernán, Javier y otros vecinos y vecinas, organizaron el merendero «Juntos por los chicos». «Esta cuarentena golpeó fuerte a las familias. Muchas se quedaron sin trabajo. Nos dimos cuenta de que teníamos que hacer algo, movilizar la ayuda entre todos los vecinos», contaron.

Además de servirles algo de comer y tomar, aprovechan para insistir con los cuidados: el uso del barbijo y el alcohol en gel, y la distancia social. Una y otra vez se escuchan las recomendaciones.

Todos los días, los chicos reciben la merienda y algo fresco para tomar. Foto Lucía Merle

Todos los días, los chicos reciben la merienda y algo fresco para tomar. Foto Lucía Merle

Hoy tocaron pepas y jugo fresco; los chicos se arremolinan a un costado de la cancha, esperando su turno para comer algo. Otros días, los vecinos colaboran con torta fritas, pan o galletitas dulces. Todo a pulmón, por eso arrancaron con una campaña para recibir ayuda desde afuera del barrio (en Facebook, Merendero juntos por los chicos).  

Al principio de la pandemia, y como sucedió en la mayoría de las áreas más vulnerables de la Ciudad, en la villa Rodrigo Bueno se registró un brote de contagios que puso en alerta a todos. En estos barrios, los gobiernos de Nación y Ciudad implementaron el programa DetectAr para identificar a los positivos y aislarlos. Aquí, como en el resto de las villas y asentamientos porteños, la curva de contagios se estabilizó y comenzó a bajar de manera radical para julio, aún antes que en los barrios formales de la Ciudad.

En la canchita de su barrio, los chicos patean la pelota con fuerza y se divierten. Foto Lucía Merle

En la canchita de su barrio, los chicos patean la pelota con fuerza y se divierten. Foto Lucía Merle

Según las cifras oficiales, y hasta el momento no se registraron muertes en la Rodrigo Bueno y se confirmaron 257 casos positivos. Aún cuando muchos de sus pobladores pertenecen a grupos de riesgo debido a las condiciones socio-habitacionales, la tasa de letalidad es baja en relación al resto de la ciudad formal: 1,57% contra 3,52%. También incide que la población es más joven.

Como cuentan los vecinos, son tiempos complicados, porque esta pandemia pegó fuerte, especialmente a los trabajadores informales. Y la mayoría de ellos lo son: trabajan en la construcción, en la limpieza de empresas y casas particulares o haciendo tareas de pintura o reparaciones.

Hasta las 6 de la tarde, los chicos y las chicas no paran un segundo. Juegan, entrenan, se divierten, comparten, se acompañan. Aquí en este barrio pegado a la ribera sur del Río de la Plata, tejen sueños, le pegan con furia a la pelota y gritan los goles desde el alma.

NS

Fuente: Clarin

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